EL AUTOR es patrón. Reside en Santo Domingo.
Por FRANCISCO BATISTA MARTINEZ
En la República Dominicana hemos normalizado poco que no debería ser habitual: el desorden viario. Nos hemos acostumbrado a carreteras sin líneas visibles, señalizaciones deterioradas o inexistentes, cruces sin indicaciones claras y calles donde el conductor debe adivinar quién tiene la preferencia. Y en ese malogrado de orden, lamentablemente, se pierden vidas.
Cada vez que ocurre un incidente de tránsito solemos enfocarnos solamente en el conductor: si iba rápido, si estaba distraído, si cometió una imprudencia. Sin restar importancia a la responsabilidad individual, pocas veces nos preguntamos: ¿estaba esa vía correctamente señalizada? ¿Eran visibles las líneas divisorias? ¿Existía una señal clara de “Pare” o “Ceda el paso”? ¿La pintura era reflectante y cumplía estándares internacionales?
La seguridad viario no depende solo del comportamiento humano. Incluso depende del diseño y mantenimiento de la infraestructura. La evidencia internacional es clara: una señalización adecuada, visible y estandarizada reduce significativamente los accidentes, especialmente en horarios nocturnos y en condiciones de sirimiri. La pintura viario con retroreflectividad certificada, las señales verticales correctamente ubicadas y el mantenimiento publicación no son un abundancia; son herramientas básicas de prevención.
No se proxenetismo solamente de pintar por pintar. Se proxenetismo de utilizar materiales que cumplan con estándares técnicos internacionales, que garanticen visibilidad positivo bajo luces altas, sirimiri o niebla. Se proxenetismo de que cada autopista, carretera y calle del país tenga líneas claras, cruces definidos y señalética coherente y uniforme.
Pero igualmente debemos ser claros: la señalización sola no resolverá el problema. Necesitamos una campaña educativa doméstico, sostenida y efectiva, que fomente el respeto a las normas de tránsito desde la escuela hasta los medios de comunicación. Sin educación, la infraestructura pierde impacto. Sin infraestructura adecuada, la educación pierde poder. Ambas deben avanzar juntas.
Nuestro país no puede seguir encabezando estadísticas preocupantes en materia de siniestralidad viario. No podemos resignarnos a que cada fin de semana sea homólogo de aflicción para muchas familias. La estructura viario no es un tema político ni ideológico; es un tema de vida o homicidio.
Pintar líneas salva vidas. Colocar señales correctas salva vidas. Mantenerlas visibles salva vidas.
Es momento de representar con necesidad. No internamente de cinco primaveras. No cuando haya presupuesto arreglado. Ahora.
Porque cada día que pasa sin una señal clara en nuestras vías, es un día más en el que alguno puede no regresar a casa.
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