La relación entre las redes sociales y la adolescencia vive ahora bajo un foco enorme de luz y debate. Sabidos los artículos que generan en la psicología de un pequeño o una chica de estas edades, artículos que asustan, se suma el cifra político: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha planteado su prohibición para menores de 16 primaveras.
Pero detenerse en la relación redes sociales–adolescencia es quedarse en un solo comarca. Las redes han entrado en la psicología de adultos y personas mayores, y no han sido siquiera entradas pacíficas o amables.
Lo que las redes hacen a nuestra sociedad, da igual la permanencia, fue uno de los asuntos tratados por EFE Vitalidad durante la conversación con las psicólogas y el psicólogo Mónica Sánchez Reula, Timanfaya Hernández y Juan José López Marañón, a los que planteamos, gracias a la colaboración del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, hacer un alucinación por la transformación de la psicología humana.
Delirio que acaba en este zona en el que sólo residen ya las redes, sino además la IA. Y de qué forma ha irrumpido la IA.
Estas son las consecuencias en la adolescencia, la permanencia adulta y la tercera permanencia del dominio que tanto la Inteligencia Sintético como los algoritmos de X, Meta o TikTok ejercen sobre nuestras vidas:
Adolescencia: El mundo «no es un hotel de 5 estrellas”
Sánchez Reula, como psicóloga especializada en infancia y adolescencia, perfila el situación de la discusión de la venidero forma: las redes sociales conectan a los adolescentes con “un mundo que no es exactamente igual al mundo positivo, sino con un mundo adorno, filtrado e idealizado que puede repercutir en la autoestima”.
En la primera etapa de este alucinación por la transformación de la psicología humana, la adolescencia, la experta destacaba que la autoestima, en este ciclo de nuestras vidas, flaquea, sufre. Las redes, más que aliviar el sufrimiento, lo hinchan. Por ello, ve esencial que haya “cierta regulación”.
“Porque además nos perdemos muchas cosas cuando estamos conectados al teléfono. Pensad que es una satisfacción inmediata, y ya se sabe que está distorsionando la capacidad atencional de los jóvenes”, apunta antiguamente de incidir en que actualmente, para un/una adolescente, ver videos de 20 segundos es ya un desafío heroico.
Aunque recalca que no hay que demonizar las redes por cuanto abren “una ventana al mundo” y facilitan “la oportunidad de conectar con otras personas”, Sánchez Reula hace hincapié en subrayar, y así lo hace en sus sesiones profesionales con adolescentes, que “el mundo de aquí es maravilloso”.
Papel protagonista en el buen manejo de las redes tienen los adultos porque son los principales responsables de que el zagal, la zagal, se regulen. “Necesitan un poquito de control forastero”, añade.
Pero lo más relevante es separar a la adolescencia de la idealización de las redes, de esas metas, retos, actividades tan estupendísimas que ponen delante de la observación y del deseo. Porque “no pasa nulo con que los adolescentes se enfrenten a situaciones o emociones desagradables, de frustraciónde tristeza”.
Al fin y al promontorio, se proxenetismo de “una preparación para la vida que viene posteriormente, y cuanto antiguamente sepan que esto no es un hotel de cinco estrellas, mejor”.
Antigüedad adulta: Cuánto nos gusta que nos digan que nos quieren
Timanfaya Hernández, quien encima es decana del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, es crítica con los adultos cuando hablamos de las redes sociales. “A veces, tenemos mensajes muy contradictorios”.
¿A qué se refiere? Explica: “Estamos pidiéndole a nuestros adolescentes que se autorregulen en el consumo de las redes sociales, pero vamos a ser sensatos: nos vamos a la permanencia adulta y estamos absolutamente, desde la psicología, frontalizados, porque estamos consumiendo además”.
Un matiz fundamental, a su madurez: los que crean los algoritmos son adultos. “Tenemos la capacidad de crear con la inteligencia y luego, a veces, no sabemos manejarla excesivamente perfectamente”.
O sea, que las personas adultas además están enganchadas. Cómo no estarlo. Según las palabras de la psicóloga: al ser la longevo finalidad de un ser humano que lo quieran, nos encanta que nos miren y que nos digan, a ser posible tras cada cosa que hagamos, ‘oye, qué perfectamente estás haciendo esto’». Pues lo mismo pasa con los adolescentes.
Así que propósito de reparación en los adultos y “divulgar otro tipo de mensajes”: “Tendríamos que educar mucho más en otro tipo de títulos, y eso requiere esfuerzo por parte de todos y de todas. Requiere un esfuerzo social, requiere un compromiso socialrequiere que eduquemos desde la propia infancia, desde la clan y desde las propias instituciones”.
Redes sociales para los mayores: que sea como conducir coches
Juanjo López Marañón, psicólogo, es un fan de las nuevas tecnologías y de la inteligencia químico generativa. “Me encanta que mi padre, que tiene 93 primaveras, se interese por ello y me pregunte: ‘Hijo, ¿esto cómo funciona?, ¿para qué sirve?’”, reconoce.
Pero hace este comentario a modo de advertencia: “Nuestra procreación es la última que ha empezado a trabajar, a estudiar y a ver las cosas en papel, y que está pasando o que ha pasado a lo digital. La venidero procreación ya va a ser digital directamente. Ojo ahí, que hay un brinco importante”.
¿Qué habrá tras ese brinco? Habrá que ir preparándose para lo que sea que haya. Dice Marañón que “casi toda la tecnología está hecha por jóvenes para jóvenes, por ingenieros para usuarios más o menos expertos”, y que eso va a cambiar.
“Un móvil tiene ahora mismo el doble de capacidad que la informática que llevó el Apolo XI. Aproximadamente el doble. Tú no necesitas ser ingeniero para manejar un móvil o para conducir un coche. ¿Por qué? Porque la tecnología ha evolucionado de forma que pueda estar al luces de todo el mundo sin ser un experimentado”.
La oportunidad para las personas mayores está precisamente aquí, pero “tienen que adaptarse”.
“Les va a solucionar –continúa– las relaciones sociales, el ataque a información y a personas que están en sitios aislados, que tienen poca movilidad o que tienen otro tipo de limitaciones. Les va a venir de maravilla”. ¿Pero…?
“Que necesitamos (las personas de más permanencia) conducir coches, no Apolos XI”, asegura el experimentado.





