EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.
En política no existen sorpresas sino más correctamente movimientos estratégicos que algunos logran anticipar y otros al punto que comprenden cuando ya están en marcha. El regreso de Gonzalo Castillo “El Penco” como precandidato presidencial del Partido de la Exención Dominicana (PLD), no es un hecho marginado. Es una pasada que sacude el tablero político doméstico y obliga a todos a recalcular sus aspiraciones.
Lo advertimos: había señales claras de reorganización interna en el partido morado. Hoy se confirma que el PLD no está dispuesto a quedarse en la pasividad ni a ceder el espacio rival sin dar batalla. Pero más allá de la inscripción formal, la pregunta esencia es otra: ¿representa este retorno una renovación vivo o la prolongación de un ciclo que el electorado ya evaluó?
El peso del pasado y la exigencia del presente: Gonzalo Castillo no es un rostro nuevo, fue figura central en una de las elecciones internas y externas más polarizadas de los últimos abriles y dormitorio esencia de un gobierno que marcó una etapa en la política dominicana. Fue candidato presidencial con buenos números aunque no ganó la Presidencia de la República.

Sin retención, el país que hoy observa no es el mismo de entonces. La ciudadanía es más crítica, las redes sociales son más implacables y la novelística política exige coherencia, resultados y credibilidad. La política moderna no se sostiene solo con estructura territorial ni con maquinaria partidaria, se sustenta con confianza pública y conectividad con la sociedad.
El desafío interno del PLD
El Partido de la Exención Dominicana enfrenta un duelo veterano que cualquier candidatura: redefinir su identidad y reintegrarse su fuerza política social. Tras derrotas electorales y cuestionamientos internos, esa estructura partidaria necesita demostrar que puede reconectarse con la población que antaño le acompañaba y que hoy ya no está alineada con su estructura política.
La entrada de “El Penco” Gonzalo Castillo como candidato presidencial a la contienda interna peledeísta, abre un ambiente competitivo que obligará a otros aspirantes a posicionarse con veterano claridad. Pero asimismo plantea una interrogante estratégica: ¿está el partido apostando por consolidar lo conocido o por destapar espacio a una nueva engendramiento?
La política no vive de nostalgia, en la República Dominicana los ciclos políticos se acortan. El electorado ya no vota por lealtades automáticas; vota por percepción de capacidad, esperanza y visión de futuro. El regreso de una figura resistente puede entusiasmar a una saco partidaria, pero el serio duelo es convencer al votante independiente, al nuevo, al desencantado y al que no avala a consignas sino a propuestas concretas.
El país observa y decide: no se alcahuetería solo de inscribirse, se alcahuetería de persuadir. No se alcahuetería de retornar, se alcahuetería de demostrar que hay poco nuevo que dar y ofrecer. La política dominicana entra en una nueva etapa y como siempre he dicho: quien entienda primero el momento histórico, tendrá delantera. El tablero se mueve y las piezas se colocan, pero al final quien decide es el pueblo. Y esta vez, la población no se conformará con promesas.
jpm-am
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