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En el tercero de los nuevos capítulos de la serie de época se aborda el problema que dirigirá la trama de francescainterpretada por Hannah Dodd. Acostada en la cama posteriormente de perseverar relaciones sexuales con su marido, Juan Stirling, al que da vida Víctor Allise plantea porqué aún no está preñada, a lo que él afirma que tendrían más posibilidades de concebir si ella alcanza el culminación.
Francesca miente y finge que lo ha conseguido todo este tiempo, solo para confesarle posteriormente a su cuñada Penélope Bridgerton, interpretada por Nicola Coughlan, que no tiene ni idea de lo que es.
No es una presunción sexual ni las escenas subidas de tono características de la serie de regencia, pero aborda las complejidades —comúnmente ignoradas y/o silenciadas— del placer afeminado y pone el foco en un problema global: la brecha orgásmica.
La brecha orgásmica
“La brecha orgásmica es la diferencia en la frecuencia del clímax entre hombres y mujeres en relaciones heterosexuales, donde ellos suelen alcanzarlo en decano proporción que ellas”. Así define este engendro Vanesa Falcón, psicóloga sanitaria, sexóloga y terapeuta de pareja.
La investigación ‘The lifelong orgasm gasp: exploring age’s impact on orgasm rates’ (‘La brecha orgásmica a lo holgado de la vida: exploración del impacto de la vida en las tasas de clímax’, en gachupin), publicada en junio de 2024 por la revista ‘Sexual medicine’, descubrió que los hombres —de todas las edades y orientaciones sexuales— reportaban tasas de orgasmos más elevadas durante sus relaciones sexuales: del 70 al 85 por ciento; en contraposición al 46-58 por ciento de las mujeres.
Este desequilibrio no está vinculado a una condición biológica, “sino a factores sociales y culturales. El guion sexual se ha centrado en la penetración, cuando la mayoría de las mujeres necesitan diferentes tipos de estímulo, entre ellas el clítoris, para venir al clímax”, explica Falcón. Y añade otros instrumentos que contribuyen: “La errata de educación sexual centrada en el placer afeminado, la socialización de productos que enseña a las mujeres a priorizar el deseo ignorante y la poca comunicación sobre lo que gusta o se necesita”.
La experiencia de la periodista Olivia Petter refleja cómo influyen estas circunstancias: “Desde pequeñas, las mujeres están condicionadas a creer que el sexo no es poco para ellas. En su circunstancia, es poco que les sucede. Este mensaje estaba en todas partes, desde las películas y series que veíamos, donde las mujeres llegaban al culminación a la carta, hasta las clases de educación sexual donde nos decían que nos pusiéramos un preservativo en un plátano y nos fuéramos. La novelística era: los chicos querrán tener sexo contigo; al principio puede doler, pero finge que te gusta y con el tiempo a lo mejor te gusta”, escribía en ‘The Times’ el pasado 8 de febrero.
¿Qué hay detrás de la brecha orgásmica?
Clínicamente, la imposibilidad o dificultad de alcanzar el clímax afeminado se estudia y tráfico desde una perspectiva individual. Pero Falcón, además licenciada en estudios de Igualdad de productos y Complejidad Sexual, agrupa en cuatro áreas las causas más frecuentes. Factores sexuales y de formación —la errata de educación sexual y referencias—, psicológicos —ansiedad, autoexigencia o creencias negativas sobre el placer—, relacionales —conflicto de pareja, errata de comunicación o presión— y médicos u hormonales.
Falcón resume así el problema flagrante de la educación sexual: “Muchas mujeres hemos crecido con una educación sexual centrada en la prevención y enfocada en el deseo masculino, pero no en el autoconocimiento y el placer propio (…) A esto se suman la vergüenza y la desliz. Incluso influye la presión social sobre cómo ‘deben’ ser los cuerpos y cómo debemos comportarnos en la intimidad”.
La pulvínulo del problema para la sexóloga es, a la vez, el primer paso en dirección a una alternativa: “Si no se nos enseña a explorar nuestro cuerpo, a nombrar lo que sentimos y a legalizar nuestro deseo, es corriente que cueste identificar qué nos excita”. Por ello, el primer paso para aceptar y buscar el deseo propio pasa por el autoconocimiento: “Brindar tiempo a identificar qué fantasías, estímulos o contextos nos activan (…) para educarse a nombrar lo que sentimos, memorizar lo que nos gusta y lo que no”, según Falcón.
El objetivo es “dejar de conducirse la sexualidad para cumplir expectativas y aparecer a vivirla desde la sufragio y el disfrute”.
El papel de la comunicación
Musitar de sexo, placer y preferencias sexuales no es sencillo, y la trama de ‘Los Bridgerton’ lo demuestra. Primero, cuando Francesca palabra con Penélope sobre su errata de satisfacción sexual, la mujer detrás de Lady Whistledown emplea analogías y metáforas en circunstancia de decirle lo que verdaderamente es. Aunque cuando luego palabra con su principio, Violet, interpretada por Ruth Gemmell, ella valida su experiencia e intenta guiarla explicándole que no todo el acto sexual es igual. Y cuando Francesca por fin se sincera con John, culpándose a sí misma por no memorizar lo que le pasa a su cuerpo, su marido reacciona con empatía y tranquilidad.
“La comunicación es la pulvínulo de una sexualidad satisfactoria. Gran parte de la insatisfacción surge precisamente de no expresar lo que sentimos ni susurrar de nuestros deseos con la pareja. Esta errata de diálogo genera distancia emocional, refuerza tabúes y mitos sobre la sexualidad, y puede derivar en dificultades para disfrutar plenamente”, declara la psicóloga y sexóloga.
Laurie Mintz, profesora de psicología de la Universidad de Florida y autora de ‘Cómo alfabetizarse en clítoris’, subrayó en un artículo de ‘The New York Times’ publicado el pasado 4 de febrero el papel fundamental que juega la comunicación: “Las mujeres deben acechar qué les resulta placentero, y luego sentirse seguras y cómodas mientras se lo comunican a sus parejas”. Porque, tal y como declaró Mintz en el publicación neoyorquino: “Es difícil susurrar de sexo. Pero las parejas que hablan de sexo tienen mejor sexo”.
‘Los Bridgerton’ ha cedido el primer adversidad para romper con el tabú del clímax afeminado y, a pesar de las dificultades, Falcón considera que aún hay buenas noticiero: “El deseo se puede trabajar. Con información, exploración consciente y espacios seguros, muchas mujeres logran reconectar con su placer y aclarar qué les gusta con claridad y seguridad”. El primer paso es “reconocerlo como un derecho intrínseco e innegociable, no como un privilegio. El tabú se rompe cuando el placer deja de ser censurado y pasa a ser celebrado, estimado y compartido como parte de la vida plena de cada mujer”.






