En días recientes se ha desatado una esforzado polémica en la opinión pública dominicana a raíz de unas declaraciones de la reconocida Tania Báezquién expresó con claridad que desea un hombre emocionalmente prudenteque esté a su nivel crematístico o por encima, que cuide su lozanía, haga control y disfrute de la naturaleza. Me consulto: ¿Qué de malo tiene expresar lo que quieres es una relación?
Ninguna persona que pida lo que ella quiere está pidiendo ausencia escandaloso. Nadie ilegal. Nadie fuera de puesto. Sin confiscación, la reacción social fue dura, desproporcionada y profundamente discriminatoria.
Los comentarios y las críticas no se hicieron esperar de muchos, incluyendo mujeres.
El mensaje de fondo es claro y preocupante: a cierta permanenciala mujer pierde el derecho a escoger. Como si el paso del tiempo y ocurrir tenido varias relaciones la despojara de dignidad, criterio, deseo y valía.
No importa la permanencia que tenga —25, 40 o 60 primaveras— una mujer tiene todo el derecho a osar qué tipo de hombre quiere en su vida. Puede desear estabilidad emocionalafinidad de títulos, cuidado personal, proyectos comunes y bienestar crematístico. Eso no es arrogancia ni exigencia excesiva; es autoconocimiento. Y el autoconocimiento suele obtener, precisamente, con los primaveras y la experiencia.
¿Se vuelve más severo con los primaveras una mujer? Claro que si, tal vez porque con los primaveras está en capacidad de dar lo mismo que exige.
Ahora aceptablemente, defender el derecho a nominar no significa desmentir la existencia. Es necesario dialogar de expectativas realistas. No se manejo de hacer una directorio interminable de cualidades, ni de despabilarse seres humanos perfectos que no existen. Se manejo de retener qué es negociable y qué no, qué puedo tolerar y qué no estoy dispuesta a repetir en esta etapa de la vida. Designar aceptablemente implica sensatez, flexibilidad y capacidad de diálogo, no rigidez ni capricho.
Una mujer no es un producto que caduca por los primaveras ni por la cantidad de relaciones que haya tenido. Su valía no disminuye con el tiempo; se transforma. Una mujer vale por su capacidad de reinventarsede ilustrarse de sus errores, de recobrarse sus heridas y de retornar a nominar con anciano conciencia.
Quizás el serio problema no es que una mujer anciano exija, sino que aún nos incomoda ver a una mujer que no se conforma, que sabe que es valiosa y que ya no está dispuesta a aceptar migajas emocionales. Y eso, más que criticarse, debería respetarse y aplaudirse.






