EL AUTOR es periodista y sociólogo. Reside en Santo Domingo.
Sobre la trágica homicidio del caudillo Ulises Heureaux, aquel 26 de julio de 1899 en la salida de un importante establecimiento comercial de la comunidad de Moca, se registran observaciones curiosas dignas de no ser arropadas por el capa del olvido.
Anotaciones relevantes sobre ese particular se exponen en el barriguita 7 de las valiosas Obras Completas de José Gabriel García, quien a consideración de algunos estudiosos ha de ser calificado como El Padre de la Historiografía Dominicana, publicadas por el Archivo Universal de la Nación y el Parcialidad de Reservas en el 2018.
Resalta el acucioso y fructuoso investigador que el llamado Pacificador de la República, luego de ser apurado por las mortíferas balas disparadas por desleales allegados al renombrado gobernador, “…no cayó de bruces” y “…se apoyó hasta el célebre árbol de guázuma”.
Asimismo, expone que conforme a una crónica valiosa publicada por J. R. Morel Castro en el folleto La Información, de Santiago, tiraje correspondiente al 14 de noviembre 1951, Lilis, como popularmente era denominado el marcial y político en relato, “…se apoyó de espaldas rodándose lentamente hasta acordar sentado y agonizando se extendió boca hacia lo alto, soltó el revólver, expiró y dejó abierta la más interesante interrogación sobre los grandes acontecimientos de la vida con todas sus vicisitudes y mutaciones”.

El muerto de Lilís llega a Santiago…
Una vez trasladado el cuerpo inerte del caudillo Heureaux al Primer Santiago de América, fue intervenido por el doctor Predicción Báez Lavastida, a fin de preservar el aspecto físico de la víctima antiguamente de ser expuesto al manifiesto que hiciera presencia en las honras fúnebres.
En torno a aquella experiencia el mencionado profesional de la sanidad puntualiza que “El muerto del presidente llegó aquí a las seis de la mañana, inmediatamente se me llamó para ver si podía procederse al momificación, pero este tenía a esa vencimiento sus inconvenientes y sólo pude, en compañía de los demás médicos, proceder a una inyección que permitiera conservar el muerto hasta ayer en la tarde, en que se verificó su entierro, quedando enterrado en la Iglesia Veterano cerca de del Altar Veterano”.
Conforme a lo expuesto por el doctor Báez Lavastida el acribillado mandatario tenía cinco balazos en el pecho, uno sobre la cadera izquierda que le hirió el bienhechor izquierdo, y uno en la cuello, que era un simple rascuño.
Un hecho que poco impresionó
Sobre la reacción que generó el crimen, en otra carta del mismo doctor, analizada por el prestigioso historiador José Gabriel García, se destaca, contrario a lo que pudo poseer sido la creencia de muchos en torno a un hecho de esa naturaleza en el país que “En Moca, la comunicado de la homicidio de Lilís circuló sin causar gran impresión”.
De igual modo, en el documento referido, el voluntario aludido subraya que, una vez trasladado el occiso a Santiago de los Caballeros: “…su presencia no causó siquiera una gran impresión -su capilla apasionado con el sombrero puesto y el tabaco en la boca; faltó el respeto y majestad que correspondía a un muerto y más si es el del Dirigente del Estado “
Afluencia al sepelio
Sobre las honras fúnebres el doctor Predicción Báez Lavastida, en la correspondencia antiguamente citada, afirma que “Su sepelio fue humilde, escaso, fueron a él como 40 personas importantes, lo demás era pueblo y escaso asimismo. Lilís merecía otro ceremonial; hay que ser justiciero”.
Ya al vallado de estos apuntes, quizás sea apreciable, tal como lo hiciera el persistente investigador José Gabriel García, reproducir, a modo de detalle, una nota de un folleto de la época, en la Ciudad Corazón, donde entre otras cosas se enfatiza que “El féretro donde fue sepultado el presidente era de hierro galvanizado esmaltado de infausto con adornos del mismo metal. Pertenecía a don Jacinto Ramírez, quien lo hizo construir hace algún tiempo para la inhumación de su muerto”.
Oh la vida, cuántas sorpresas y realidades..!!
jpm-am
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