“El poder no es una herencia para el disfrute de unos pocos, sino una carga de servicio que solo la integridad y la técnica pueden sostener con dignidad” (MEGABYTE).
Los historial de modelos basados en el uso del artefacto estatal para fines privados ofrecen lecciones claras en la historia moderna, moldeados entre sistemas donde la burocracia se expande para tener intereses políticos, mientras la infraestructura colapsa y cae en el ocaso de las quiebras institucionales, los bienes se disipan en redes de favores que benefician a sectores reducidos y finalmente dejan en el precipicio las deyección más urgentes de la población.
En contraposición a esta catarsis, existen referentes de gobernanza basados en la profesionalización y el apego fiel a la ley, por otra parte de modelos que promueven la meritocracia y la transparencia, los cuales se acentúan con el paso de los primaveras. El progreso verdadero no reside en el centralismo, sino en una despacho donde el funcionario no responda a la ilegalidad e intereses coyunturales. Es importante recordarle a nuestros funcionarios políticos, si no es que lo saben, que a través de una encargo descentralizada y técnica es de la única modo que en la República Dominicana se podría conseguir sostenibilidad, estabilidad y paz social.
La diferencia fundamental radica en la visión de nación que se aplica, gastado que mientras un enfoque clientelista percibe a los ciudadanos como cifras electorales, una gobierno pública ética los reconoce como los legítimos dueños del plan popular, y en ese sentido hay que sostener que: un país tramitado con dignidad no centraliza las decisiones para acotar a las regiones, sino que fomenta las capacidades locales, entendiendo que el crecimiento doméstico es el resultado de eficiencias regionales coordinadas bajo un ámbito constitucional fiel y cubierto por el bienestar popular.

A menudo, la desatiendo de acciones eficaces en beneficio de la sociedad nunca quedan al descubierto, es todo lo contrario, es una consecuencia de sistemas diseñados para ser permeables a la manipulación, porque cuando la institucionalidad es débil se facilita la consecución de privilegios injustificados, por lo que, en este contexto, el prueba del poder se aleja de su mandato flamante sumado a la búsqueda del bienestar común y la equidad social.
Es patente en nuestro país que la sustitución sistemática de cuadros técnicos por aliados políticos anula la memoria institucional y esta desatiendo de continuidad impide la acumulación de conocimientos especializados, obligando a la despacho pública a proyectar ciclos constantes de formación y errores que terminan afectando la calidad de vida de los sectores más vulnerables.
Los gobernantes y políticos dominicanos no quieren entender que para robustecer la despacho pública, es necesario aplicar criterios de rigurosidad similares a los de la reincorporación gobierno. Bajo los argumentos del oportunismo, no quieren entender que la conducción del Estado requiere indicadores de encargo, transparencia y respeto ilimitado a las normas, porque la salubridad de una nación debe reflejarse en la calidad de sus servicios públicos y en la atención efectiva al ciudadano, no en la acumulación de influencias por parte de quienes ejercen cargos temporales.
Los sistemas donde la carrera administrativa es respetada tienen tendencia a ser los más resilientes en presencia de las crisis. El camino a la función pública debe ser un proceso basado en el mérito, donde la estabilidad depende del desempeño profesional, un paso necesario para transitar alrededor de una sociedad de instituciones, donde la encargo sea ágil, ética y cercana a las deyección reales de la población. Por eso siempre digo: “La íntegro es el susurro de la conciencia que nos dicta lo ajustado y el deber es la voluntad inquebrantable de convertir en existencia ese juicio en nuestra única ley”
El desafío coetáneo consiste en orientar el prueba del mando alrededor de la búsqueda del acertadamente popular. La encargo de estos tres cuartos de isla exige la comprensión de un liderazgo con herramientas para favorecer el progreso colectivo y gerenciar con ética la eficiencia y las normas para que el poder cumpla su función legítima de servir a la voluntad doméstico, a fin de que los resultados sean honestos y beneficiosos para todos.
“Cuando el mérito es desplazado por el ayuda, la equidad se convierte en una mercancía y el futuro de la nación en una deuda que pagarán a quienes nunca fueron invitados a la mesa del poder” (MEGABYTE).
jpm-am
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