El día que Balaguer dio un «boche» a Carlos Andrés Pérez | AlMomento.net

El día que Balaguer dio un «boche» a Carlos Andrés Pérez | AlMomento.net

El autor es político y comentarista radial. Reside en Santo Domingo

A las 9:45 de la mañana del 16 de agosto de 1990, el silencio pesaba más que el calor.

Posteriormente de ingresar las elecciones del 16 de mayo de ese año, el doctor Joaquín Balaguer llegó al Congreso Doméstico para ser juramentado para un nuevo mandato. Lo hizo quince minutos ayer de las diez, como marcaba su costumbre y su disciplina casi monástica.

Fuera del perímetro congresual, la solemnidad de la aniversario —Día de la Restauración— revestía el acto de juramentación de un espacio histórico. Tres meses ayer había sido reelecto presidente de la República. A las diez en punto debía comenzar la ceremonia.

Pero a las diez no comenzó carencia. Balaguer fue conducido a una oficina contigua al salón de la Asamblea Doméstico. Allí lo esperaban dos invitados de suspensión nivel: el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, y el gobernante de Puerto Rico, Rafael Hernández Colón. Eran los únicos jefes de gobierno que estarían presentes en la ceremonia.

Lo que debía ser un protocolo impecable empezó a deshilacharse.

Punto muerto

En el Senado no lográbamos designar el buró directivo. El senador reformista por San Cristóbal, José Osvaldo Leger, aspiraba a presidir la Cámara Ingreso sin contar con el respaldo del doctor Balaguer ni del resto de los senadores reformistas.

El Senado lo integrábamos 30 senadores en total, 16 del PRSC, 12 del PLD y 2 del PRD. La votación se había desorganizado, pues a cada conteo de votos el resultado quedaba empatado a 15, pues la candidatura de Leger era apoyada por las bancadas de competición que sumaban 14 más el voto de Leger, lo cual impedía una valor.

Joaquín Balaguer

Sin buró directivo del Senado no podía instalarse formalmente la Asamblea Doméstico, pues la costumbre imponía que el presidente del Senado, en su calidad de presidente de la Asamblea Doméstico, tomara el dicterio constitucional al presidente electo.

El responsable de comunicar la informe del impasse fue Paris Goico, distintivo secretario del Senado y encargado de los detalles del acto. Entró a la oficina donde estaba Balaguer y los dos presidentes extranjeros  con el peso del protocolo roto en los hombros.

—No ha sido posible designar al presidente del Senado —informó— pero acotó a seguidas que de acuerdo con la Constitución, el dicterio podría tomarlo un protonotario conocido.

La frase cayó como un objeto metálico sobre el mármol.

La broma

El entorno se tensó. Nadie sonreía. Nadie respiraba con naturaleza. Entonces, buscando distender el momento, Carlos Andrés Pérez lanzó una broma:

—Yo soy protonotario conocido, presidente Balaguer. Lo puedo confabular yo conforme a la Constitución dominicana.

El comentario pretendía alivianar la ambiente. Pero había memoria en esa habitación. Y la memoria en política nunca es ligera.

Doce abriles ayer, en 1978, el propio Carlos Andrés Pérez había encabezado, como presidente de Venezuela en su primer mandato, la letanía de mandatarios y figuras de la Internacional Socialista que presionaron públicamente para que se respetara el resultado electoral en República Dominicana.

En aquellos días, durante el conteo de votos en la Unión Central Electoral, el triunfo del candidato del PRD, Antonio Guzmán Fernández —respaldado por el liderazgo de José Francisco Peña Gómez— parecía amenazado por movimientos militares. La intervención internacional ayudó a contener la crisis y consolidar la transición de Balaguer a Guzmán.

Carlos Andrés Pérez

Balaguer nunca olvidó aquel episodio. Lo consideró una injerencia impropia entre gobiernos que mantenían relaciones cordiales. Para él, fue una afrenta diplomática.

Y ahora, doce abriles a posteriori, el protagonista de aquella presión internacional estaba allí, en la misma oficina de calma, ofreciéndose en tono jocoso para juramentarlo.

La respuesta fue inmediata, sequía, quirúrgica.

—En vez de estar de risible, lo que a usted le corresponde es acentuar a su amigo Peña Gómez para que respete la democracia y mande sus dos senadores a elegir por la plancha del PRSC.

Luego de esa especie de «boche», no hubo risas entre los presentes, más admisiblemente sorpresa por tan cortante respuesta del mandatario.

A seguidas Balaguer tomó, de la mano del normal Pérez Bello, su sombrero de copa molesto con la serenidad de quien no levanta la voz para imponer autoridad. Se paró, dio media revés y salió rumbo al salón de Asamblea.

Mientras tanto, en el Senado, los números eran implacables. Los dos senadores del PRD —Ramón Alburquerque, de Monte Plata, y Adriano Parra, de Azua— se unieron a los doce del PLD y a Leger, y provocaron un igualada frente al candidato reformista Ricardo Barceló, que encabezaba un coalición de quince. El asedio impedía designar al presidente del Senado, y por consiguiente, a quien debía presidir la Asamblea Doméstico.

La República estaba detenida por un igualada.

La opción

Finalmente, la opción emergió desde otra toga, el doctor Néstor Contin Aybar, presidente de la Suprema Corte de Jurisprudencia, presente como invitado, fue quien tomó el dicterio constitucional en el salón de la Asamblea Doméstico.

A las diez de la mañana hubo ceremonia, y hubo historia. Aquella ambiente, casi privada, en una oficina del Senado, contenía poco más que una peculiaridad. Era el cruce de dos memorias políticas: la de 1978 y la de 1990. Era la diplomacia herida que encuentra su momento para acaecer nota al agravio. Era el recordatorio de que en política carencia se olvida, aunque a veces tarde abriles la respuesta adecuada.

Y ese 16 de agosto en una oficina supletorio del Congreso, donde quien suscribe fue testimonio presencial por su condición de senador electo, Balaguer abrió el archivo, y recordando el agravio de Carlos Andrés Pérez en 1978, pasó nota.

Nota: El Senado escogió finalmente, gracias a un acuerdo de sus miembros, al senador de Elías Piña, Florentino Carvajal Suero, como su presidente para ese año, pero dada la tardanza en hacerlo en el hemiciclo senatorial, este no pudo estar presente en el salón de la Asamblea en el momento de la juramentación del presidente Balaguer, que ya había sido tomada  por el magistrado Contín Aybar.

JPM

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