¿Y el hijo para cuándo?”, “Se te está haciendo tarde”, “¿Por qué no te has casado?”, “Todopoderoso lo quiso así”. Frases que se pronuncian casi en automático, muchas veces sin intención de herir, pero que pueden dejar marcas profundas en quien las recibe.
La psicóloga clínica Astrid Machadoadvierte que los comentarios aparentemente inocentes pueden tener un impacto significativo en la lozanía mental, especialmente cuando tocan áreas sensibles como la maternidad, la soltería, la años o las metas personales.
“Es muy incómodo tener un momento en donde hay que discurrir poco que ni siquiera se sabe cómo discurrir”, dijo Machado al Semanario El Día.
“El problema no es solo la pregunta, sino la implicación que tiene para la persona que la recibe”.





