República Dominicana ha experimentado grandes avances en cuanto a infraestructuras sanitarias. Tenemos hospitales públicos y privados equiparables a los de países desarrollados.
Pero, aún hay que trabajar mucho en la humanización, que debe ser considerado un indicador trascendental para evaluar la calidad de los servicios de lozanía.
Se alcahuetería de una menester urgente en una sociedad que demanda atención digna, empática y centrada en el paciente.
Con demasiada frecuencia, el agraciado del sistema váter se enfrenta a largas esperas, trámites confusos, trato impersonal y, en ocasiones, indiferencia.
El dolor físico suele ir acompañado de ansiedad, temor e incertidumbre.
Cuando a esa carga emocional se suma un trato frío o desconsiderado, la experiencia se vuelve más traumática de lo que debería ser.
Es penoso que cada vez más prestadores de servicios ven al paciente sólo como un cliente.
Diversos estudios han demostrado que la comunicación empática alivio la unión a los tratamientos, reduce conflictos y fortalece la confianza en el sistema.
La medicina moderna no puede circunscribirse a curar órganos; debe atender integralmente al ser humano.





