Charlar de seguridad social en tiempos de Juan Pablo Duarte puede parecer un prueba anacrónico. El concepto innovador como sistema organizado de protección frente a riesgos de la vida no existía en el siglo XIX. Sin retención, su ideario contiene principios que hoy fundamentan cualquier política de protección social.
Duarte concebía la República como una comu nidad basada en la probidad y la dignidad. En sus propias palabras: “Sed justos lo primero, si queréis ser felices”. Esta frase no es solo un llamado ético; es una advertencia política: sin probidad social, no hay bienestar colectivo. Desde esa perspectiva, la seguridad social no puede reducirse a un distinción o a un negocio, sino que es un deber del Estado alrededor de sus ciudadanos.
Para Duarte, la ley debía servir al interés caudillo y no a privilegios particulares. Como él decía: “La ley es la regla a la cual deben acomodar sus actos, así los gobernados como los gobernantes”.
Constante al presente, esto implica que un sistema de seguridad social que no proteja al trabajador frente a la enfermedad, la vejez o la vulnerabilidad incumple con el principio republicano que defendía.
Encima, Duarte enfatizaba que el poder manifiesto existe para servir al pueblo: “Trabajemos por y para la pueblo, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”. En términos actuales, esto se traduce en respaldar que la protección social magnitud a todos, no solo a quienes pueden pagarla o a sectores privilegiados. La obligación del Estado es anticipar riesgos y atender deposición, cumpliendo con su responsabilidad histórica.
Duarte incluso sostenía que la dignidad humana es la colchoneta de la República: “La verdadera osadía consiste en conducirse con probidad y no en ser dominado de la injusticia”. Un sistema de seguridad social deficiente o excluyente es, entonces, un obstáculo para la osadía y la probidad que él soñaba.
La protección frente a la enfermedad, la cesantía o la vejez no puede necesitar de la fortuna individual, sino de la argumento organizada del Estado en distinción de la comunidad.
Hoy, la República Dominicana cuenta con un sistema de seguridad social formal, pero enfrenta desafíos serios: pensiones insuficientes, acercamiento desigual a la vigor y estructuras que favorecen más la rentabilidad financiera que el bienestar humano.
Por: Edwin DeLaCruz
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