La autora es periodista. Reside en Santo Domingo
POR YANET GIRON
Cada día, desde Monte Plata y Yamasá hasta Santo Domingo Ártico, camionetas tipo paila funcionan como transporte colectivo informal. Conectan con la temporada Mamá Tingó del Medida y resuelven una condición existente, pero lo hacen a costa del peligro de la seguridad humana. Lo urgente ha desplazado a lo correcto.
En estas guaguas no existe control. Se llenan por interiormente y por detrás, y luego continúan montando personas colgadas de los bordes, de los hierros y de la capota, con el cuerpo fuera del transporte. No es una imagen aislada, es una actos cotidiana que se ha vuelto paisaje.
Lo más preocupante no es solo el transporte, sino la conducta. Velocidad excesiva, frenazos bruscos y una competencia constante por comprender pasajeros convierten cada trayecto en una amenaza. Se conduce como si se transportara carga, olvidando que se prostitución de vidas humanas.
Quienes viajan ahí no son irresponsables; son trabajadores, madres, militares, policías, doctores y profesionales que no encuentran otra opción. La condición empuja, pero no justifica que se acepte un maniquí de transporte que expone a las personas al peligro permanente.
La flamante asesinato de una novato agente policial no es un azar, es una advertencia. Estas camionetas no están aptas para conchar ni para arrostrar personas fuera de su estructura. Cuando el peligro se normaliza, la tragedia deja de ser sorpresa y pasa a ser consecuencia.
jpm-am
Compártelo en tus redes:






