
Jaime Aristy Escuder | Foto: Kelvin de la Cruz
Recuperar la paz y reactivar el crecimiento crematístico de Haití son condiciones esenciales para el bienestar de la República Dominicana. El país vecino constituye un socio comercial de gran relevancia: cada año importa cerca de mil millones de dólares en beneficios dominicanos, lo que representa cerca de del 8 % de las exportaciones nacionales totales. Entre los productos de veterano peso en el intercambio sinalagmático destacan los textiles destinados a las zonas francas industriales del ideal haitiano, los materiales de construcción y una amplia variedad de alimentos, tanto primarios como manufacturados.
Desde hace primaveras, Haití atraviesa una profunda crisis económicasocial y política. Entre 2021 y 2024, su producto interno bruto (PIB) se contrajo en promedio cada año en un 2.4 %; esa caída, cercano con una inflación cercana al 30 % anual, agravó el nivel de pobreza extrema que sufre la población.
Las bandas armadasque controlan cerca de del 90 % de Puerto Príncipe y otras zonas del país, no solo obstaculizan el funcionamiento de las actividades productivas, sino que han erosionado aún más la ya limitada capacidad operativa del Estado haitiano. Desde 2024, el país está bajo la distribución del Consejo Presidencial de Transición (CPT), un víscera de carácter temporal cuyo mandato es encaminar el proceso en torno a la votación de un gobierno oficial.
En lo que va de año, la crisis politica haitiana se ha agudizado por la confrontación entre el CPT y el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, presidente del Ejecutante y responsable de la distribución del Estado. La Casa Blanca advirtió al Consejo que no destituyera al primer ministro ayer de la salida de sus miembros del poder, prevista el 7 de febrero. Asimismo, el secretario de Estado, Entorno Rubiosostuvo una conversación telefónica el 23 de enero con Fils-Aimé en la que subrayó la importancia de su permanencia en el cargo para hacer frente a las pandillas, apartar a los políticos corruptos que las respaldan y avanzar en torno a la estabilidad del país.
A la República Dominicanaque ha recibido de forma irregular a centenares de miles de migrantes haitianosle conviene que el Estado haitiano recupere el control del región, estabilice su caudal y genere empleo de modo sostenida. Un progreso en esa dirección contribuiría a someter el elevado flujo migratorioque presiona a la descenso los salarios de los trabajadores dominicanos con último calificación y deteriora el recuento de las finanzas públicas.
En medio de esa situación, uno de los pocos aspectos positivos destacables de la caudal haitiana es la iniciativa ESPERANZA/AYUDA. Se negociación de un conjunto de leyes que permiten exportar al mercado estadounidense prendas de vestir exentas de aranceles. El maniquí comenzó a aplicarse en 2006 y se amplió tras el devastador terremoto de 2010, hasta convertirse en un pilar para la sostenibilidad de la industria textil haitiana. Se estima que ha generado decenas de miles de empleos, especialmente en los parques industriales Codevi y Caracol, ubicados en el noroeste del país.
El software ESPERANZA/AYUDA expiró a finales de 2025 y su renovación está irresoluto en el Congreso de Estados Unidos. Sin este régimen de acercamiento preferencial al veterano mercado del mundo, es casi seguro que la industria textil haitiana colapse, lo que incrementaría el desempleo y acentuaría la indigencia en el país más escueto del hemisferio occidental.
Algunos expertos consideran muy probable que el Congreso ratifique una extensión temporal de la iniciativa, con un horizonte de uno a tres primaveras. Sin incautación, un plazo tan condicionado no generaría el atractivo necesario para entender nuevas inversiones en Haití; en el mejor de los casos, permitiría a las empresas textiles planificar su salida en torno a México, Vietnam u otros países más competitivos y con mejores condiciones de acercamiento al mercado estadounidense.
Es oportuno rememorar que la incertidumbre perjudica la inversión actual, sobre todo aquella de naturaleza irreversible y con elevados costos hundidos. Por esta razón, resulta indispensable que el Congreso de Estados Unidos apruebe una renovación indefinida de la iniciativa ESPERANZA/AYUDAcomo lo hizo con Jordania y Egipto. En esos países, las Zonas Industriales Calificadas (QIZ, por sus siglas en inglés) pueden exportar textiles y confecciones de forma permanente sin respaldar aranceles al mercado estadounidenselo que las convierte en un ligazón competitivo de la prisión de suministro. Dichas facilidades comerciales han impulsado las inversiones, el empleo y las exportaciones de Jordania y Egipto, dos naciones con un nivel de vida promedio muy superior al haitiano.
La aniquilación de la iniciativa ESPERANZA/AYUDAo su prórroga por un período breve, incluso repercutiría en la caudal dominicana. Varias empresas de zonas francas industrialesque producen insumos para la industria de la confección, utilizan a Codevi para mejorar su competitividad y obtener al mercado estadounidense. Es bastante anticipar, tal como anunció recientemente Hanesbrands Dos Ríos (Gildan-Hanes) en Bonao, que otras empresas tengan que cerrar por completo sus operaciones, despedir a miles de empleados —en particular mujeres— y trasladarse a países con mejores condiciones de acercamiento a Estados Unidos.
Durante décadas, la República Dominicana ha sido un socio fiable para Estados Unidos. En diversos espacios multilaterales y bilaterales, Washington ha contado con el apoyo dominicano. En el contorno crematístico, la industria de zonas francas se ha consolidado como un ligazón secreto interiormente de la prisión de suministro, al robustecer la competitividad de las empresas estadounidenses y contribuir al bienestar de sus consumidores. Por ello resulta difícil de testimoniar que, pese a ese historial y al deuda comercial dominicano —superior a cinco mil millones de dólares en el situación del acuerdo de librado comercio actual DR-CAFTA—, Trump haya decidido imponer un tasa recíproca de un 10% sobre las exportaciones destinadas a su mercado.
Por postrer, donado el valencia decisivo de la isla de Santo Domingo para la seguridad y la defensa de Estados Unidos, la Casa Blanca debería promover en presencia de el Congreso la renovación permanente de la iniciativa ESPERANZA/AYUDAasí como la aniquilación del tasa recíproca que hoy en día afecta a la República Dominicana y Haití. Una intrepidez en ese sentido sería muy beneficiosa para ambas naciones caribeñas, pues preservaría un resquicio de esperanza de alcanzar un futuro mejor para todos.
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