EL AUTOR es un exadministrador del Lado de Reservas. exministro de Hacienda de la República Dominicana y flagrante miembro de la dirección política del partido Fuerza del Pueblo. Reside en Santo Domingo
Por DANIEL TORIBIO
Desde 1996, República Dominicana se comparaba con Centroamérica desde una posición cómoda: crecer más rápido. El promedio lo confirma. En 1996-2025, el país registra un crecimiento anual de 5.6%, por encima de Panamá (5.2%), Costa Rica (4.5%), Guatemala (4.0%), Honduras (3.7%) y Nicaragua (3.5%). Esa brecha sostuvo la idea de “dinamismo” como marca país.
Lo que pasó en 2025 cuenta otra historia: Nicaragua creció 5.0%, Costa Rica 4.0%, Panamá 4.2%, El Salvador en torno a 4.0% y Guatemala 4.1%. Mientras ellos rondaron 4% o más, nosotros quedamos por debajo.
La superioridad histórica se está difuminando. En 2025, el crecimiento cae a 2.1%. Es un frenazo que se siente en empleo, ventas y expectativas. En la comparación regional, quedamos al final de la fila.
El mismo contraste aparece cuando miramos los precios. En 1996-2025, la inflación promedio de República Dominicana ronda 5.5%. Quedamos por encima de Panamá (3.2%) y de Costa Rica (4.1%), aunque por debajo de Guatemala (6.0%), Honduras (6.8%) y Nicaragua (8.0%).
En 2025, la comparación se volvió más dura. Nicaragua registró una inflación de 2.70%, El Salvador 0.91% y Guatemala 1.65%. En Panamá y Costa Rica, la inflación fue negativa. Aquí no hubo ese alivio: la inflación cerró en 4.95%, pegada al techo del rango meta. Se puede asegurar “estamos en el interior”, pero en la calle no se siente así todavía.
El documento que manda no es el promedio, es la composición. Alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 8.19%. Ese clan pesa más en el presupuesto del hogar de menores ingresos. Por eso el adversidad se concentra debajo: el salario verdadero pierde fuerza y el colmado ajusta primero. Para esa clan, la meta de 3% a 5% no opera como consuelo. Opera como estadística.
Con inflaciones más bajas, la desaceleración se siente menos en el plato. Aquí, la informalidad ronda la medio del empleo y amplifica el daño, porque el trabajador sin anuencia no negocia ajustes salariales ni tiene reducción. Crecimiento bajo y comida cara empujan la pobreza.
Esto es una involución: sobrevenir de crecer más que la región a crecer por debajo, con inflación ingreso frente a los pares más estables y con alimentos aumentando por encima del promedio. Es una combinación mala para la calle: menos dinamismo y la negocio diaria igual de cara. Sin productividad, no hay salario verdadero que correa.
La discusión pública debe cambiar de celebración a trámite. No baste con anunciar promedios. Hay que atacar la estructura que encarece la vida: competencia y supervisión de mercados, reducción de costos logísticos y reglas claras en las cadenas de distribución. Si no se corrige, el país seguirá perdiendo la superioridad que construyó desde 1996 sin vencer lo que importa: residir con menos presión
Compártelo en tus redes:






