Los Alcarrizos. — A cualquier hora del día, alcanzar al radio de Emergencias del Hospital Vinicio Calventi se convierte en una carrera contra el tiempo. No por la compromiso del paciente, sino por el caos vehicular que bloquea el paso a las ambulancias del Sistema 9-1-1mientras conductores y motoristas violan de forma sistemática la Ley de Tránsito sin importar las consecuencias.
entre el carretera de Hato Nuevo y la avenida Napoleón Bonapartecalibrado en la entrada del hospital, el desorden es permanente. Autobuses del transporte sabido se detienen donde no deben, motoristas zigzaguean entre los vehículos y choferes privados ignoran las señales. En medio del caos, una agente de la DIGESETT intenta, sin éxito, rasgar espacio para que pasen las ambulancias con sirenas encendidas.

“Uno pita, prende las luces, y aun así no se mueven”, comenta un paramédico del 9-1-1 que ha vivido la angustia de ver cómo los minutos se consumen mientras un paciente lucha por su vida en el interior de la mecanismo.
Personal médico y chupatintas del Vinicio Calventi coincide en que los tapones se han convertido en parte de la rutina. “A diario llegamos tarde porque es inasequible entrar. Eso afecta el servicio, pero sobre todo pone en peligro a los pacientes”, explica una enfermera del radio de emergencias.
Ambulancias atrapadas en tapones frente al hospital Vinicio Calventi
La preocupación todavía es de los familiares. “Ver la ambulancia parada ahí, sin poder acontecer, es desesperante. Uno siente que el tiempo se detiene, y el enfermo no puede esperar”, dice una mujer que acompañaba a un pariente con un cuadro respiratorio difícil.

Choferes de la zona admiten que el problema no se resuelve con un solo agente de tránsito. “Aquí hace yerro presencia permanente. Esto no es un tapón cualquiera, es la entrada de un hospital”, afirma un conductor de ruta urbana.
Mientras tanto, la secuencia se repite cada día: ambulancias tocando sirenas, pacientes esperando, y un tránsito sin control que convierte el entrada a un centro de lozanía en una prueba de resistor. En Los Alcarrizos, el desorden viario no solo atrasa… todavía puede matar.






