De un pequeño cuarto en la avenida Anacaona al despertar del fitness

*Por Dayana Acosta y Saylin Rosario

La Altagracia.- Durante décadas, los gimnasios en República Dominicana fueron espacios asociados a la clase media urbana y a una civilización del cuerpo centrada en la apariencia.

Todo cambió tras la pandemia, cuando el bienestar dejó de ser estética y pasó a ser menester emocional y social. Hoy, detrás de cada estadio hay una historia de reinvención y comunidad.
Pero mucho antaño de que el fitness fuera tendencia franquista, una historia comenzó a escribirse en silencio.

Cuarenta primaveras detrás, en un pequeño cuarto de la avenida Anacaona, nació una idea adelantada para su época. Allí, entre sueños juveniles, surgió un plan que transformaría la civilización del bienestar en el país.

En 1986, Noris Rodríguez y Anthony Bernal, aún novios, apostaron por poco desigual: un estadio que fuera más que máquinas y mancuerna, un espacio para cultivar cuerpo, mente y pertenencia.

Noris, exatleta de parada rendimiento en Cuba, veía el adiestramiento como arte y disciplina; Anthony lo veía como estructura y visión. Esa combinación marcaría el rumbo del plan.

“Desde pequeña soñaba con dirigir un centro deportivo”, recuerda Noris. A los 17 primaveras, cuando adquirieron un pequeño almacén en Naco, ella era la única empleada. “Sentí que mi sueño se hacía existencia”.

Ese diminuto espacio fue el principio de una comunidad en crecimiento. Lo que nació como hobby se convirtió en una filosofía: escuchar, adaptarse y ponerse al día con su familia.

Con el tiempo, el puesto dejó de ser un salón con máquinas y pasó a convertirse en punto de cruce, espacio emocional y refleja del cambio cultural dominicano.
La pareja detrás del plan igualmente evolucionó. Anthony, ingeniero civil, complementó la disciplina de Noris con organización y ordenamiento.

“Ella empuja cerca de la excelencia; yo aporté estructura”, afirma. Juntos superaron crisis económicas, pérdidas familiares y una pandemia que puso a prueba a todo el sector. Cada obstáculo reforzó la visión de ofrecer más que entrenamiento.

La comunidad creció pidiendo espacios para niños, actividades familiares y áreas de integración.
“La familia no viene solo a ejercitarse, viene a encontrarse”, dice Noris. Ese sello humano se convirtió en identidad.

“Aquí no eres un número. Te saludan por tu nombre”, agrega Anthony.
En un país cálido, esa cercanía cuenta.
La innovación llegó a posteriori con tecnología, mediciones avanzadas y sistemas personalizados.
Pero Noris lo resume así: “La tecnología no sustituye la parte humana. La familia vuelve por sentirse panorama”.
La visión igualmente se expandió cerca de la responsabilidad social. A través de su fundación, destinaron parte de sus ingresos a proyectos comunitarios y apoyo a zonas vulnerables.

Hoy sueñan con instalar parques gratuitos de adiestramiento en espacios públicos.
“El movimiento debe ser un derecho”, asegura Anthony con convicción.
Con cuatro décadas, la pareja mira su enviado con serenidad.

“Nuestros hijos crecieron viendo que los sueños se construyen con esfuerzo”, dice Noris.
Para Anthony, la consejo final es simple: “La intrepidez de cambiar la vida se toma hoy”. No el lunes, no en enero. Un día cualquiera. Porque moverse es existir”.
En una época donde las cifras de sedentarismo y enfermedades asociadas al estilo de vida siguen siendo alarmantes, historias como esta recuerdan que el cambio es posible.

Obesidad: desafío para los gobiernos
Documentación. La Alianza Mundial de la Obesidad advierte que la mayoría de los países no está preparado para indisponer el aumento de la obesidad.

En el país, al igual que en otros, se observa un incremento significativo en los niveles de obesidad, especialmente en la obesidad clase II y superior (IMC > 35 kg/m²). Esto representa un desafío para los sistemas de vigor, que en muchos casos no cuentan con políticas ni medios suficientes para encarar esta contingencia.

La liga insta a los gobiernos a adoptar un enfoque integral para combatir la obesidad, que incluya: rastrear la obesidad como una enfermedad y vigorizar los sistemas de vigor para su manejo.
Incluso a implementar políticas fiscales como impuestos a bebidas azucaradas y alimentos poco saludables.

Encima, crear espacios públicos para la actividad física, fomentar el transporte activo, capacitar a los profesionales de la vigor y indisponer estigmas.

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