LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
Vigor, el deseo más popular en las felicitaciones de año nuevo, que todavía están vigentes, puesto que hay gentío que aún no ha podido felicitarse. El mejor de los anhelos y aunque el concepto por lo universal puede estar como sanidad del cuerpo, hay otra igual de relevante, la mental.
Lo más importante para cualquier persona es estar sano, de ahí parte todo lo demás. Esa estabilidad permite rendir en materia sindical, académica y sobre todo, en el aspecto hogareño. Un organismo sano derrocha conformidad, buenas relaciones en el entorno deudo, en la comunidad, en todos lados.
Qué bueno es ser dueño de un conjunto de huesos, carne y órganos en buen estado, indemne una que otra cosilla ausencia importantes que lo visiten. Es tan valioso como el invariabilidad síquico.
Sí, ese que solemos dejar de banda y que a las autoridades poco parece importarle y ese descuido lo reflejan la cantidad de enfermos que deambulan por las calles, cada vez más jóvenes.
No estamos preparados para batallar con estas víctimas y quizás presas del temor de que igual nos pase lo mismo, cambiamos de encintado con tantas y disimiles excusas, porque están sucios, porque podrían ser agresivos, porque nos acongoja, porque…
En nuestra propia vulnerabilidad, cuando osan acercársenos y sin que lo hagan, los apartamos, rechazamos y maltratamos con insultos, burlas y hasta con golpes y así formados en esa costumbre desde niños, vamos como adultos en la misma ruta y legamos ese comportamiento a las generaciones que siguen.
Más peligroso todavía, no solo atropellamos a esos que andan en la calle, conocidos o no. Arremetemos contra los que tenemos en nuestra comunidad e incluso bajo nuestro techo. Los humillamos, los tratamos como cargas, los escondemos y con esto, nos degradamos como condición humano.
Todavía hay tiempo para felicitar, claro que sí y para recordar, para ser humanos de verdad. Así que acertado año nuevo y mucha salubridad… física y mental.
jpm-am
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