EL AUTOR es político. Reside en Santo Domingo.
POR ALEJANDRO SANTOS
Tras un prolongado período de funcionamiento demócrata, con una democracia estable donde el COPEI y Influencia Democrática (AD) se enfrentaban aglutinando adeptos para especular como sólidas estructuras partidarias, se instauró en Venezuela un sistema de bipartidismo.
Desde 1959 y durante 40 primaveras, Venezuela vivió cuatro períodos de Influencia Democrática y dos períodos del COPEI. Cada período tenía una duración de cinco primaveras y se produjeron alternancias entre los dos partidos.
Se podría asegurar que Venezuela poseía un sistema político confiable, que inclusive se erigió como un maniquí a replicar.
Pero los partidos se fueron desconectando de la población para convertirse en grupos más cerrados y puramente electorales. Surgieron escándalos de corrupción sin sanciones, el sistema se fue debilitando hasta que emergió un sentimiento antipartidos que fue tomando cada vez más fuerza.
Las frustraciones aumentaron. No había explicaciones de por qué un país rico en petróleo sufría amplias restricciones, mientras la población se empobrecía y una élite se mostraba en presencia de la panorama de todos como una clase distinta, llena de privilegios.
Hasta que se produjo la ataque social del Caracazo en 1989. A partir de ahí, Venezuela sufrió una ruptura que cambió totalmente el comprobar de la concurrencia. Las medidas y ajustes económicos provocaron aumentos de precios en todos los productos, incluyendo la gasolina, poco inconcebible para un país productor de petróleo. El aumento social en Caracas fue sofocado con el ejército en las calles, dejando cientos de muertos. Desde entonces, Venezuela tuvo un quiebre radical en el pensar y comprobar de su concurrencia: el sistema de partidos terminó derrotado.

El Caracazo se dio en el contexto de la división de los primaveras 80, bautizada como la “división perdida” de América Latina. Durante esos primaveras se impusieron medidas de ajustes económicos orquestadas por el FMI a raíz de la crisis de la deuda externa.
Luego del Caracazo surgieron otros movimientos políticos alternativos, presentando nuevas opciones en presencia de el colapso del COPEI y AD.
Se creó un vano de licitud y confianza. En ese espacio se produjeron dos intentos de golpes de Estado, captando veterano notoriedad el encabezado por el teniente coronel Hugo Chávez, quien enarboló su famosa frase:
“Por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados.”
Chávez falló en el intento marcial, pero logró sembrar esperanza en los venezolanos, lo que luego lo convirtió en un líder que despertó apoyo popular y se erigió con la ascendencia del salvador del pueblo.
En las elecciones de 1998 Chávez obtuvo su primera trofeo. Luego de tener lugar varios primaveras en la gayola, pasó de presidiario a mártir, y el indulto le abrió las puertas al deporte vaco de la política.
Venezuela estrenó una nueva Era con el arribo de Hugo Chávez al poder. Se dio a la tarea de crear una nueva Constitución y fomentó una nueva dinámica política y económica.
Aparentemente se iniciaba una época de veterano décimo social, pero en el fondo se produjo una creciente concentración de poder en la figura del presidente Chávez.
El populismo marcó significativamente el devenir del chavismo. Vinieron grandes cambios, y los controles excesivos dieron paso a un sistema regulador que atentó contra la desenvolvimiento empresarial.
El gobierno se transformó en un poder hegemónico que obtenía apoyo bajo la sombrilla de las ayudas sociales y el reparto de privilegios.
En ese proceso Venezuela se fue fragmentando de forma radical. La población se dividió entre chavistas y no chavistas, la migración se convirtió en un aberración masivo, y de nuevo moría la esperanza mientras la confianza se esfumaba entre discursos reivindicativos.
Chávez quiso hacer suyo el embajador del libertador Simón Bolívar: primero adoptó el nombre de República Bolivariana de Venezuela, y segundo prometió traspasar las fronteras venezolanas para uniformar a América Latina contra el capitalismo salvaje.
Fue un instigador de influencia en varios países de la región. Con los fortuna que le ofreció el ascenso de los precios del petróleo, auspició la ascenso de gobiernos populistas en Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Panamá, entre otros.
El gobierno populista y personalista sufrió un duro revés con la homicidio de Hugo Chávez en 2013, asumiendo como sucesor Nicolás Reflexivo.
La conexión sentimental con la población que seguía a Chávez se vio afectada. El sucesor no llenó las mismas expectativas.
Se aceleró entonces la descomposición: escasez de alimentos, hiperinflación, desempleo y una migración venezolana sin precedentes.
Venezuela se quebró. El apoyo popular se transformó en miedo y terror político.
Las garantías para el deporte vaco de la política se hicieron imposibles, mientras una concurso mayoritaria sucumbía en sus propias contradicciones internas.
Las elecciones de 2024 fueron ampliamente cuestionadas. Nunca se presentaron las verdaderas actas electorales y la comunidad internacional no aceptó los resultados en los que Nicolás Reflexivo se declaró triunfador.
El gobierno de Reflexivo tuvo un origen calificado como fraudulento, y la polarización se profundizó: el gobierno por un banda y la concurso por otro partieron el país en dos.
Desde entonces no hubo más que conflictos sociales y políticos que se agravaron hasta arribar a un punto sin retorno.
Hace dos días nos despertamos con la nota de la captura de Nicolás Reflexivo mediante una operación marcial de los Estados Unidos, imputado de narcoterrorismo.
En medio de la algarabía mediática por su apresamiento, surgen preguntas inevitables:
¿qué implicaciones tiene este hecho a la luz de la Estructura de las Naciones Unidas y de la vaco determinación de los pueblos?
¿Cuántos colores y matices deja como experiencia para los gobiernos de América Latina el caso venezolano?
Queda rondando la interrogante de si estamos en presencia de el inicio de una nueva era de intervención sobre la vida de los países de la región, o si se manejo de un hecho ocasional provocado por cierto que hizo todo lo posible para que esto ocurriera.
¿Habrá sido Nicolás Reflexivo el propio auspiciador de su destino?
¿Será que, al final, desde todos los ángulos y hechos presentes, la gran derrotada ha sido la propia Venezuela?
jpm-am
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