Por: Luis Fernández
La migración en América Latina se ha convertido en uno de los principales desafíos estructurales de la región, que debe certificar que la migración ocurra de forma segura, ordenada y regular, un paso fundamentar, para que las personas en movilidad tengan ataque a derechos y servicios, proceso que debe contemplar políticas de inclusión sostenibles que faciliten la integración social y económica de las personas migrantes.
La región enfrenta una presión creciente sobre los sistemas de salubridad, educación, empleo y vivienda, en varios países, a lo que debemos sumar el aumento de las rutas migratorias peligrosas, lo que implica graves riesgos humanitarios, la expansión de redes criminales y el autor determinante del cambio climático, en nuevos desplazamientos particularmente en Centroamérica y el Caribe.
El aberración migratorio ha continuado en aumento impulsado fundamentalmente por profundas desigualdades sociales, crisis económicas, inestabilidad política, violencia y cambio climático, lo que está impactando de forma directa a los países de origen, tránsito y destino, poniendo a prueba su capacidad institucional, su cohesión social y sus mecanismos de protección de los derechos humanos.
Entre las principales debilidades de la región está la coordinación regional, la desatiendo de financiamiento sostenido y la voluntad política, factores que han definido las respuestas conjuntas, oportunas y efectivas, lo que hace necesario que se fortalezca la cooperación regional y los mecanismos multilaterales, lo que es fundamental para la estabilidad política, social y económica de la región.
La seguridad fronteriza, los grandes flujos migratorios irregulares y los riesgos humanos de las peligrosas rutas migratorias, frontera México y los Estados Unidos, Tapón del Darién y algunas rutas marítimas del Caribe, han provocado centenares de fallecidos y desaparecidos durante el año 2025, lo que obliga a fijar las prioridades, las políticas de trámite migratoria y protección de derechos.
La migración en América Latina no es solo un asunto humanitario, ni de medidas restrictivas que no siempre reducen los riesgos, sino que empujan a los migrantes a rutas más peligrosas y a ser víctimas más fáciles de las criminales redes de negociación y tráfico de personas, estas acciones no eliminan la migración irregular, sino que la transforman en más costosa, aumento del peligro de homicidio y más desigual.
América Latina y el Caribe como región enormemente expuesta, delicado y fuertemente impactada por el cambio climático, los desastres y la degradación ambiental, que provocan el desplazamiento de millones de personas en condiciones de ingreso vulnerabilidad en la región, principalmente en Centroamérica y el caribe y parte de Sudamérica, hacen necesario integrar el cambio climático en las políticas migratorias.
El cambio climático no es solo crisis ambiental, sino igualmente crisis humana y migratoria, que sin una política clara de protección seguirá provocando el desplazamiento de personas en condiciones de una ingreso vulnerabilidad, por lo que invadir esta situación, demanda la cooperación regional, probidad climática y respuestas centradas en las personas que se desplazan de sus países y cruzan fronteras en examen de seguridad y subsistencia.
Otro desafío a enemistar este 2026 por la región es el aumento de los discursos nacionalistas y anti inmigrantes, que en muchos casos terminan en discursos de odio y xenófobos, lo que alimenta la discriminación y dificulta la integración sostenible de las comunidades migrantes, lo que es un dato secreto para evitar las tensiones internas y la inestabilidad política, social y económica de la región.
Los desafíos del confuso aberración de la migración en estos tiempos, exigen una respuesta multilateral que promueva la corresponsabilidad de los estados, ya que prácticamente todos los países de América Latina y el caribe son parte de los ciclos migratorios, ya sea como países de origen, tránsito, destino o retorno, lo que requiere una gobernanza migratoria sustentada en derechos humanos.
América Latina y el Caribe enfrentan muchos retos migratorios en este 2026, como la condición de una gobernanza más robusto, la desatiendo de capital, la necesidad de políticas inclusivas frente a la inestabilidad, el clima, la desatiendo de oportunidades, priorizando una maduro cooperación regional e internacional, para apuntalar derechos y vías seguras y normales de desplazamiento.
El nuevo año con relación a los países Latinoamericanos presenta serios desafíos, con relación al tema migratorio, que debe ser tramitado de forma humana y ordenada, mediante políticas integrales, cooperación internacional existente y un enfoque centrado en la dignidad humana, de modo que se reduzcan los riesgos, se proteja la vida y la migración se transforme en un autor de avance y estabilidad social.
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