
Cuando la conjunto comienza a descargarse, el azufre en el cátodo comienza a perder electrones y a formar tetracloruro de azufre (SCl).4), usando cloruro que robó del electrolito. A medida que los electrones fluyen en torno a el ánodo, se combinan con el sodio, que se deposita sobre el aluminio, formando una capa de sodio metálico. Obviamente, esto no funcionaría con un electrolito acuoso, dada la poderosa reacción del sodio con el agua.
Incorporación capacidad
Para formar una conjunto que funcione, los investigadores separaron los dos electrodos utilizando un material de fibra de vidrio. Asimismo agregaron un material de carbono poroso al cátodo para evitar que el tetracloruro de azufre se difunda en el electrolito. Utilizaron varias técnicas para confirmar que se estaba depositando sodio en el aluminio y que la reacción en el cátodo se estaba produciendo a través de intermediarios de dicloruro de azufre. Asimismo determinaron que el dicloruro de sodio era una mala fuente de iones de sodio, ya que tendía a precipitarse sobre algunos de los materiales sólidos de la conjunto.
La conjunto asimismo era sobrado estable y sobrevivió 1.400 ciclos antaño de sufrir una disminución significativa de su capacidad. Las tasas de carga más altas hicieron que la capacidad disminuyera más rápidamente, pero la conjunto hace un gran trabajo manteniendo la carga cuando no está en uso, manteniendo más del 95 por ciento de su carga, incluso cuando está inactiva durante 400 días.
Si acertadamente los investigadores proporcionan algunas mediciones de capacidad por peso, no lo hacen para una conjunto completa, sino que se centran en porciones de la conjunto, como el azufre o la masa total del electrodo.
Pero teniendo en cuenta uno y otro electrodos, la densidad de energía puede alcanzar más de 2.000 vatios-hora por kilo. Si acertadamente eso sin duda disminuirá con la masa total de la conjunto, es difícil imaginar que no supere a las baterías de sodio-azufre o de iones de sodio existentes.
Más allá de la capacidad, el gran beneficio del sistema propuesto parece ser su precio. Dadas las materias primas, los investigadores estiman que su costo es de aproximadamente 5 dólares por kilovatio-hora de capacidad, menos de una décima parte del costo de las baterías de sodio actuales.
Nuevamente, no hay fianza de que este trabajo pueda ampliarse para la fabricación de una guisa que la mantenga competitiva con las tecnologías actuales. Aún así, si los materiales utilizados en las tecnologías de baterías existentes se vuelven costosos, es reconfortante tener otras opciones para explorar.
Naturaleza, 2026. DOI: 10,1038/s41586-025-09867-2 (Acerca de los DOI).





