El autor es productor de televisión. Reside en Santo Domingo
Hay datos que, cuando uno los lee, no deberían servir para inflar el pecho: deberían servir para despertarnos. Uno de esos datos está en la Maddison Project Database (MPD 2023), una de las bases más citadas para comparar PIB per cápita histórico entre países. Y sí: en 1950, República Dominicana aparece por encima de Corea del Sur en “riqueza” medida como PIB per cápita.
Según esa serie histórica, en 1950 el PIB per cápita estimado (en dólares internacionales comparables) coloca a República Dominicana en ~1,637, mientras que la República de Corea (Corea del Sur) ronda los ~998. Dicho simple: en ese corte, el dominicano promedio “producía” más que el coreano promedio.
Ahora adecuadamente, cuidado con el autoengaño: ese número no significa que aquí hubiera prosperidad torneo, instituciones sanas o oportunidades para todos. Significa, estrictamente, que en esa métrica y en ese año, la bienes dominicana luce por encima. En 1950, el país estaba bajo el mando de Rafael Leónidas Trujillo, quien gobernó con control total del Estado y con las sombras que conocemos , aunque con capacidad para imponer orden oficial y dirigir bienes a su forma.
¿Y por qué Corea del Sur estaba tan debajo en 1950? Porque 1950 no fue “un año más” para Corea: fue el inicio de una tragedia doméstico. Ese mismo año estalla la Conflicto de Corea (1950–1953), una desavenencia que partió al país y lo dejó con cicatrices humanas y económicas profundas.

Y aquí viene la parte incómoda: la historia no premia al que “estaba mejor” una vez; premia al que construye mejor durante décadas.
Hoy, más de 70 abriles luego, Corea del Sur es una potencia tecnológica e industrial, y República Dominicana —con avances reales— sigue acullá de ese nivel. Míralo en un número frío, presente y directo: PIB per cápita 2024 (Sotabanco Mundial): Corea del Sur ~US$36,238.6 vs República Dominicana ~US$10,875.7.
Corea no llegó ahí por atractivo, ni por “destino oriental”, ni porque un día amanecieron genios. Llegaron por una combinación feroz de educación disciplinada, industrialización orientada a exportación, ciencia y tecnología como religión de Estado, y una civilización doméstico que convirtió la productividad en orgullo. Mientras tanto, nosotros muchas veces hemos convertido la “viveza” en filosofía, el corto plazo en táctica y la improvisación en identidad.
Entonces, el referencia de 1950 no es para asegurar “¡ves! nosotros éramos más ricos”. Es para preguntarnos, sin maquillaje: ¿qué hicimos con el tiempo? ¿En qué momento dejamos que el futuro se nos fuera volando mientras otros lo planificaban con obsesión?
La comparación no es para humillarnos; es para empujarnos. Porque si una nación devastada por desavenencia pudo reinventarse hasta convertirse en narración mundial, nosotros asimismo podemos —pero solo si tomamos decisiones que duelen: elevar calidad educativa de verdad, proteger instituciones, premiar productividad, apoyar innovación, y dejar de proceder “resolviendo” para comenzar a construir.
La historia ya habló. Ahora errata que hablemos los dominicanos … con hechos.
angelpuello@gmail.com
JPM
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