EL AUTOR es un exadministrador del Mesa de Reservas. exministro de Hacienda de la República Dominicana y presente miembro de la dirección política del partido Fuerza del Pueblo. Reside en Santo Domingo
En los últimos primaveras, el Gobierno ha promovido cifras récord de venida de “visitantes” para resaltar el desempeño del sector turístico.
La número más flamante apunta a 10.2 millones de personas. El problema es que ese enfoque mezcla categorías distintas como si tuvieran el mismo peso financiero. La diferencia entre visitantes y turistas no es técnica ni beocio, porque condiciona el diseño de políticas públicas y la lección positivo del aporte del sector a la peculio.
Según los estándares de la Ordenamiento Mundial del Turismo, visitante es toda persona que entra a un país desigual al de su residencia habitual por menos de doce meses y sin intención de residir. Todo el que llega cuenta como visitante, pero no necesariamente como turista. Turista es quien pernocta al menos una confusión.
Excursionista es quien no lo hace, como ocurre con los cruceristas.
En la República Dominicana existe un tercer conjunto que distorsiona la lección del total: el dominicano no residente que llega por vía aérea.
Tratarlo como si su comportamiento financiero fuera equivalente al de un turista extranjero crea una equivalencia estadística engañosa. El compra de quien se hospeda en casa de familiares no es comparable con el de quien paga alojamiento, excursiones y servicios turísticos formales.
Hasta octubre de 2025 llegaron 7,168,070 no residentes. De ellos, 5,976,990 fueron turistas extranjeros y 1,191,080 dominicanos no residentes. Si la tendencia se mantiene, el país cerrará el año con un récord de visitantes, pero esa número agrupa segmentos con impactos económicos muy distintos. El efectivo motor de divisas, los turistas extranjeros, tan pronto como creció 1.6 % frente a 2024. El aumento total avala, sobre todo, al veterano flujo de dominicanos no residentes y de residentes que regresan.
La desaceleración del turismo extranjero es clara desde 2022. Ese año creció 16.0 %. En 2023, 6.8 %. A noviembre de 2025, tan pronto como 1.6 %. En contraste, los dominicanos no residentes crecieron 7.9 %.
Esto altera la composición del flujo en dirección a segmentos con beocio compra promedio diario, reduciendo el impacto financiero por cada venida.
Más visitantes no garantizan más ingresos ni más empleo. Si quienes llegan gastan menos o permanecen menos tiempo, el objeto neto se debilita. El propio Mesa Central reconoce una moderación del flujo proveniente de Estados Unidos y Canadá, que concentran seis de cada diez turistas extranjeros.
Confundir visitantes con turistas produce titulares optimistas, pero dificulta entender la trayectoria positivo del sector. Si se sondeo maximizar el aporte del turismo al crecimiento, las métricas deben centrarse en el tipo de viajero, su permanencia, su compra y su origen. No todo el que llega dinamiza la peculio. Y no todo crecimiento en visitantes es crecimiento positivo.
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