“Todo sucederá y esta sonrisa sucederá asimismo los hombres con su “antaño” y su “cómo” asimismo sucederán, como la tenebrosidad…”
Con estos versos, de alguna modo el poeta preconizaba su trágico final. Era un diciembre como el pasado mes. La aurora del día 20 alumbró la insensata crimen de René del Risco Bermúdez en el malecón de la caudal.
Han pasado 53 primaveras de aquel fatídico siniestro. Sin despedirse, René partió de esta dimensión a los 35 primaveras de acontecer nacido en San Pedro de Macorís, tierra del Poeta Franquista Dominicano, Pedro Mir.
Narrador fundamental del siglo XX, René del Risco tradujo al papel la amargura y el sabor a metal que le quedó a la coexistentes de jóvenes que soñaron con aventajar la Eliminación del 65, con restaurar la democracia, a quienes soñaron con la utopía una revolución.
Gracias a esa trabajo plausible de recolectar la melancolía de posguerra, hoy podemos recorrer las calles de Santo Domingo e imaginar aquel drama de hombres y mujeres vencidos, de ventanas rotas y de cuerpos atravesados por las balas que doblaron con el fuego.
René describió la ciudad raída por el espanto de la crimen que engulló a patriotas sin permiso y sin razón. El tiempo fue hilvanando la resignación. Nuestro poeta contó aquella pena entronizada en las almas de millones de dominicanos.
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Más allá de su poesía, fundamental para entender parte de la segunda porción del siglo pasado en la República Dominicana, René se destacó como gran publicista, comunicador y compositor de reconocidas canciones.
Fiel a su oda a la nostalgia, nos dejó el imperdible historia “Ahora que vuelvo Tom” y decenas de maravillosos sonetos, en los cuales detalló la cotidianidad del pueblo dominicano, como “La costurera”, “La infancia” y “Aquel cuerpo celeste”.
En su poesía no faltó el mar, la obra urbana de San Pedro de Macorís y Santo Domingo, los utensilios de artesanos y obreros, y las frases y las voces de dominicanos y dominicanas, figuras centrales de sus versos.
René le dio voz al rumbo y a los pensamientos de los derrotados de la Eliminación de Abril de 1965. Fue el eco de las palabras que intentó arrebatar el tiempo, pero que, con su sagacidad de poeta, logró atraparlas en el corriente y plasmarlas en la historia.
A 53 primaveras de su fallecimiento, el rumbo sigue siendo frío y el fuego dobla de otra modo por las calles de Santo Domingo.







