Santo Domingo.– Llovió de guisa incesante durante gran parte de la trayecto y, pese a ello, La Batalla de la Fe cumplió su cometido de principio a fin, manteniendo viva una tradición que arribó a su estampado número 62 y que se caracteriza por reunir cada primero de enero a una parte significativa de la comunidad evangélica de República Dominicana.
Desde antiguamente de las cuatro de la tarde, hora anunciada para el inicio formal del evento, ya algunos cantantes se encontraban en el tablas del Estadio Desconsiderado Félix Sánchez, mientras la chubasco caía sobre el circunscripción.
Las graderías se encontraban casi totalmente ocupadas y, a sentenciar por los colores de los paraguas y las fundas plásticas utilizadas a modo de capa, cada quien hizo provisión a su guisa para enredar las lluvias asociadas a una vaguada que incidía sobre gran parte del distrito doméstico y que había provocado alertas meteorológicas.
Frente a miles de personas, probablemente una cantidad superior a las 30,000 boletas entregadas por los organizadores, el pastor Ezequiel Molina Rosario, fundador de la concentración, centró su mensaje anual en una advertencia directa a la sociedad.
En su prédica, llamó la atención de la sociedad civil, los actores políticos y los distintos entes de poder por decisiones asumidas en perjuicio de la ciudadanía, con mención distinto a la corrupción administrativa y a la pérdida de títulos fundamentales.
Molina Rosario sostuvo que los males sociales no se corrigen nada más con programas tardíos o medidas coyunturales, sino con formación, ejemplo y responsabilidad desde el núcleo natural, señalando que la crisis decente que atraviesa la sociedad tiene raíces más profundas que requieren compromiso sostenido y coherencia entre discurso y maña.
Más detalles
En el evento se oró por distintos motivos. Hubo peticiones por la restauración de los altares en el país como seguro de un año bendecido, por la nación dominicana, por el presidente y las autoridades, así como por los Estados Unidos, país calificado como amigo y esencia para una reconexión espiritual.
Las oraciones, realizadas con el estilo característico de la comunidad evangélica, fueron enérgicas, directas y cargadas de emotividad.
En representación de las autoridades civiles, se destacó la presencia de la alcaldesa del Distrito Doméstico, Carolina Mejía.
Asimismo estuvieron presentes los alcaldes Betty Gerónimo y Dío Astacio, así como figuras políticas como Johnny Pujols, secretario común del Partido de la Manumisión Dominicana; el diputado Carlos de Pérez, de la Fuerza del Pueblo, y el corregidor de La Romana, Eduardo Kery Metivier, entre otros.
La Batalla de la Fe 2026 fue denominada “El Día de Altísimo”.
El montaje ocupó las graderías del estadio y un pequeño espacio delantero destinado a la zona VIP, la prensa, el equipo multimedia y la instalación de baños móviles.
Según explicó Ezequiel Molina, el evento tuvo un costo cercano de 15 millones de pesos, cubiertos mediante ofrendas voluntarias.
Durante la trayecto fue visible la presencia de banderas de Israel, incluso en veterano número que las dominicanas, lo que asegura a la creencia de algunos sectores evangélicos que vinculan al pueblo semita con una cántico distinto, conforme a su interpretación bíblica.
En el aspecto musical participaron agrupaciones y artistas cristianos como World Worship, Cales Louima, Chembo y la billete distinto de René González, quienes acompañaron el progreso del software entre alabanzas y adoración.






