Se experimenta una brisa nostálgica de despedida, aclimatada con la esperanza de la venida de poco nuevo.
Este entorno que cierne en la ámbito de nuestra sociedad simboliza, la oportunidad de dejar a espaldas lo pasado; claro, sin dejar de registrar aquellos sucesos o comportamientos aciagos que necesariamente debemos aventajar para cambiar, y originarse de nuevo con optimismo, nuevas metas y mentalidad fresca.
Un próximo Año es un nuevo amanecer, dejando fallecer esos errores que cubrieron de oscuridad y espanto el horizonte.
Es que cuando el año remoto muere en la sombra; asimismo debe perecer la opacidad en nuestras vidas con la claridad interior de una renovación alborear. Luego, si dejamos que la luz pueda penetrar e iluminar esos rincones lúgubres de la conciencia, entonces tendremos un nuevo amanecer enmarcado en un ideal auténtico que orientará y guiará las acciones y decisiones que dan el real sentido a la vida.
Definitivamente, está a punto de originarse, de darnos el chance de abrir un calendario en blanco, hay música en el amplio firmamento revestido de estrellas, suenan las campanas celestes con rimas de alegría; los mares y océanos entonan ópera con sus olas espumosas y las nubes que cubren el Pico Duarte, con flema y mansedumbre, comienzan a cerrar el ciclo de un ayer y desaparecer a nuevos vientos de porvenires relucientes.
En estos instantes fugaces del fin de un año, solemos acometer el deseo de repasar las cosas que hemos llevado a lado durante su transcurso; nuestros éxitos y fracasos, lágrimas y risas, caídas y levantadas, lo bueno y lo malo; en fin, la suma de experiencias vividas, esfuerzos anteriores, decisiones tomadas y afectos o desafectos cultivados.
Pero, aquí estamos con la cara frente al sol, dispuestos a retornar a sonreír más allá de la adversidad; con las cicatrices convertidas en conocimiento; los tropiezos en pasos firmes, ya que es mejor cojear por el camino correcto, que pasar por uno desacertado; las pesadillas convertidas en sueños edificantes, y los vendavales fuertes en dóciles amaneceres de quietud mágica.
Sí aquí estamos, a lo mejor con una copa de morapio o un celular en mano, envueltos en aromas deliciosas o pensando en la comida que no está en la despensa, con voces por doquier o en la soledad del hogar con la compañía de un televisor; tal vez, cubiertos con luces coloridas o sin energía eléctrica, con sonidos amenos o estridentes; quizás, chateando sin apartar por un segundo la examen en la pantalla, a pesar de tener al costado un rostro que hace tiempo no te detienes a observar;
Independientemente de estos y otros escenarios imaginarios, lo importante es que esos instantes de despedida del año, se cuela con liberación en los pensamientos y pasa como un carrusel delante de nuestros fanales, esas metas, propósitos o promesas de mejoras que debemos conquistar o poner más empeño para alcanzar.
Entendiendo que cada amanecer representa una oportunidad para meditar, planificar, renovar, mejorar y avanzar un paso más como peregrino de esperanza con la cántico de Altísimo.
En definitiva, el Año Nuevo, es una nueva mañana que nos invita a rememorar que por más oscura que es la sombra, la luz siempre regresa; entender, que no importando las veces cuanto hayamos caído, siempre podemos levantarnos con una nueva perspectiva en torno a el futuro; comprender, que es tiempo de soltar el peso del pasado, demasiado equipaje, nos detiene la marcha, sigamos delante con más determinación.
Es tiempo de marcar la diferencia y no ser como un barco sin brújula, que navega, pero sin rumbo. El meta del nuevo ciclo que se abre es servir más, enamorar más, dialogar más, perdonar más y compartir con el mundo esperanza, paz y reconciliación.
¨Si puedes, entiende; si no puedes, cree. ¨Acertado Año Nuevo. Sanidad.
Abogado
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