El autor es abogado. Reside en Santo Domingo.
La navidad es un tiempo de expectativas y esperanzas; una oportunidad para reajustar las emociones y tomar la audacia robusto de enriquecer o desmerecer tu existencia; es incluso una época para penetrar o desalojar cosas de la posada interior, si así te lo propones.
Luego, esta temporada trae consigo una serie de artículos en nuestras vidas que pueden ser tanto positivos como negativos, que van más allá de las luces brillantes de colores, de las casas aceptablemente decoradas, de encuentros familiares, de muchos gastos, endeudamientos, de ruidos y felicitaciones por doquier, de calles entaponadas y degustaciones culinarias.
Es que la navidad posee un potencial dual interesante; por ser un catalizador impresionante y mágico para el cambio positivo, la innovación y el crecimiento, impulsando la superación personal y la alivio continua desde la profundidad del alma. Sin requisa, incluso dependiendo de cómo se asuma o decida estar esta época, puede conllevar el aventura de originar discordia, sufrimiento o lamentaciones, si no se maneja con prudencia, humildad y una perspectiva constructiva alrededor de la supremacía del aceptablemente.
¿Qué debemos desalojar de nuestras vidas en esta navidad?
Existen personas que se sienten hundidas y pérdidas en un follón existencial y no encuentran soluciones a sus problemas. Viven atrapadas en un mundo de apariencias y se dejan cautivar por la corriente del consumismo y la inmediatez: el aquí, el ahora, lo liviana y el camino más corto o apañarse atajos para datar a un fin. Entienden que la ansia por el poder y el afán mayúsculo por el plata es el camino; pero resulta ser la desgracia.
Asimismo, están dispuestos a cualquier cosa y ser protagonistas de cualquier escándalo con tal de ser influencers o tener un poco de triunfo, de likes o ser ¨popular¨. Esa búsqueda afanosa y desmedida lo explica muy aceptablemente San Juan Enrique Newman, cuando se refiere a un ídolo con tanta vigencia en este tiempo: ¨la notoriedad, el hecho de ser agradecido y de hacer ruido en el mundo; el cual ha llegado a ser considerada como un aceptablemente en sí mismo, un aceptablemente soberano, un objeto de verdadera veneración¨.

Y esto dicho con antelación, impulsa a caer en el gozne de la posfelicidad, una mutación de la verdadera gozo. El problema es que esta nueva concepción de la posfelicidad, como muy aceptablemente lo explica José Carlos Ruiz en su tomo ¨Incompletos. Filosofía para un pensamiento elegante¨, condena a la persona a la búsqueda constante de una gozo que nunca podrá darse en la individualidad narcisista – hedonista de quien se siente desligado de todo deber, y a la vez depende patológicamente de la opinión de los demás. Porque la posfelicidad no permite una evaluación en manos del propio sujeto, sino que necesita ser reconocida por la comunidad.
Para no alejarse, respondiendo a la pregunta, para poder desalojar hay que combatir con todos esos sentimientos o comportamientos contrarios al cierto sentido de la navidad, como el desaliento, el resentimiento, la depresión, el miedo, las dudas, el pesimismo, el desánimo, entre otros; los cuales son tristes peregrinos que merodean y buscan hospedaje en nuestra casa interior; queriendo demostrar que la gozo no existe.
Aquí la conclusión que debemos arribar en esta navidad es trabajar el ¨yo¨. Ese ¨yo¨ que ve a los demás como planetas dando vueltas en torno a sí. Como decía un sociólogo, todo lo que rodea a ese individuo es como si fueran prótesis. Vale en tanto en cuanto le ayuda. Cuando eso que le rodea no ayuda ni favorece el bienestar del “yo”, sencillamente lo tira.
Luego, está en cada uno de nosotros emplear esta época para reflexionar y así poder identificar en lo particular esas cosas negativas que debemos sacar de nuestro diario estar; que este proceso sea realizado desde la honestidad y no desde la imposición. Si eso que estás haciendo no resulta en beneficio directo y tangible de la calidad de tus relaciones con los demás; si esto lo haces solo para sentirte aceptablemente tú, eso no es correcto. Es tiempo de desalojar esa aspecto.
Es bueno hacer una parada por un momento, es oportuno inaugurar espacio para ti y tu comunidad, los problemas no se van a ir, las preocupaciones allí seguirán, pero por lo menos si te decides, recargarás fuerzas para seguir delante como peregrino de esperanza. Hay que recapacitar que “La esperanza no defrauda”: no se prostitución de “no hacer falta”, es de ponerse en camino. Es tensión entre lo ya experimentado y lo que desidia por recorrer.
¿Y qué debemos penetrar en nuestras vidas en esta navidad?
Para reponer a esa pregunta, necesariamente debemos situarnos primero en el futuro texto bíblico: “Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.” (Lc 2,6-7)
Impresionante adivinar como San Lucas describe el salida de Jesús; nos mueve a imaginar cada situación o campo que nos pudieran completar los hechos en perspectiva: el trajín del alucinación, el sudor atiborrando los poros por tan larga travesía, el polvo del camino, el paso de una mujer encinta, un peregrinaje muy fatigoso y para el colmo no encontrar alojamiento para descansar.
Figurar como crecía en ese momento la incertidumbre, la angustia con cada portazo que recibían en Nacimiento; ver en José y María el cansancio aferrado de la mano con la perturbación que se acrecentaba en cada instante; y entonces tuvieron que irse a un establo; aquí cerca de suponer el silencio de las últimas escenas del parto, el esencia no agradable de aquel espacio; sin requisa, el rey del universo nace entre los animales, porque en el pueblo de Nacimiento, no hubo espacio para Él. Aún así, aquel espacio da acogida a la esperanza que no muere; se vistió de hermosura divina y de magnitud en la humildad.
Si regresamos a este tiempo, al ahora, al aquí, luego de realizar ese adiestramiento imaginativo; creemos que la respuesta de que debemos penetrar o quien debemos penetrar en nuestras vidas en esta navidad, está a nuestro resonancia: Jesús, el que le da el cierto sentido a la navidad. Solo puntada en convertirnos en pesebres vacíos puramente necesitados de darle a Él alojamiento y así se nos instale internamente y llene nuestras carencias. Si Cristo nace en nuestros corazones; entonces nuestras vidas, tendrá un nuevo manifestación. Hay que recapacitar que Él no despreció un establo ni un pesebre, siquiera va a despreciar nuestros corazones.
San Agustín nos comparte una frase oportuna para penetrar al Caprichoso Jesús: «Debes vaciarte de aquello con lo que estás saciado, para que puedas ser llenado de aquello de lo que estás infructifero». A veces nos llenamos de tanto y lo más importante se queda fuera. Navidad es tiempo para inaugurar espacio para lo más importante y tiene mucho que ver con instruirse a estar y estar juntos en la solidaridad, filantropía y la billete en causas mayores más allá de nuestro mundillo egoísta.
Para penetrar el acto sexual y la plenitud de Jehová, primero debemos despojarnos de las cosas banales y vacías que nos convierten en vertederos acumuladores o zombies vivientes y así inaugurar espacio para que Jehová llene nuestro corazón inquieto con su verdadera alegría, indulto y propósito.
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