
Querido Santa Claus, juré el año pasado no escribirte una carta más, pero es que sigo estando pesado.
¡Como es posible! que tú me dejaras una polímero de las señal Solidaridad, de 1,500 pesos en comida. Y un panel que dice, «¿Será posible la reelección de Luis Abinader?” ¡Que cojones tienes!
De inmediato te pido perdón por esta expresión enojosa de los cojones. Yo sé que tú eres un partidario de Altísimo en el radio de regalos para los niños. Pero el año pasado te dije que estaba soltero y te pedí el nombre de una dama que me acompañara para toda una vida, y me dejaste en un papelito el nombre de Margarita y el número de su WhatsApp.
Recuérdate que tú eres inmortal, y en 1916, cuando estaban aquí los gringos (por primera vez), mi papá me contó que los americanos le llamaban a todas las prostitutas (cueros) Margarita, o sino Pepsicola.
Con el nombre de Margarita, yo no tengo problemas. Pero es que a ella (la mía), le gusta que la lleve a los Karaokes. Y en verdad canta como María Luisa Landín y hasta como La Sofi. Pero ella quiere menearse como Angelita Curiel, pero no tiene nadie de nalga, solo dos jaguas de hacer té.
Querido Santa Claus, el mundo no anda mal por la maldad de los malos, sino por la indiferencia de los buenos, que no tienen ideología, no practican la fe, sino que creen en Altísimo, para pedirle cosas, como que le manden el loto, que lo ayude a una posible enfermedad y que no lo mande a despabilarse ahora.
Querido Papá Noel, se te fue la mano con los jefes de SeNaSa. Le pusiste demasiado monises a sus cuentas bancarias aquí y fuera del país, y a su hija, la de patronímico Hazim, la misma que era de la Marcha Verde y la plaza de la bandera, era la que más gritaba, «Corruptos, corruptos”, a los políticos de turno.
Y yo sé que tú sabes la vida de los niños y las niñas que se comportan mal. Tú y Luis Abinader son los que más saben cuales son los pecadores que no merecen el más simple de los juguetes, ni un número, ni una muñeca de las patas flacas señal María Palito o una pistolita de mito de la que nunca explotan. Ni eso se merecen esos desgraciados que están poniendo en peligro la posible reelección de Luis Abinader.
Y tú aceptablemente sabes que el que sale de la presidencia pasa a ser un señalador de kilómetros de los llamados mojón de cemento.
Si no, pregúntale a Hipólito Mejía, a Leonel Fernández y al final de los mojones, Danilo Medina. A todos los pintan con un mismo color de amarillo tenebroso y los colocan en la carretera a agua, sol y sereno. Cada uno a 1 km porque no se pueden unir, porque se produce el pleito de los mojones, donde todos son iguales.
Y como un regalo de los Santos Reyes, a los maestros analfabetos pedagógicos, les informo que el geógrafo Casimiro de Moya fue el creador en el 1913, de la tabla de la distancia en kilómetros afectado con mojones de madera entre las principales poblaciones y los puestos fronterizos.
Querido Santa Claus, quiero que me dejes un celular de los más innovador, de inteligencia industrial, capaz de aislar todas las redes que son dirigidas por imbéciles y mujeres con las nalgas grandes y el cerebro pequeño, casi inútil.
Pero dime con claridad, ¿qué quieres que te deje debajo de la cama? ¿Un cigarrillo o un vaper? ¿Hierba natural o mariguana legalizada? O una menta verde de las señal de protección o una pastilla de tadalafil para que la use con la vieja Bulla. No importa lo que tú elijas. El mundo ha cambiado todo. Donde Na’ es Na’. Hasta el Papa organizó una cena con el agrupación radical LGBT+.
Querido Santa Claus, no me deje sin una muñeca plástica de la señal androide sexual, no importa que sea de condensador de poca duración, yo incluso ando deprisa.
Solícitamente,
Manolo Bonilla,
Amigo de Santa Claus.






