Por Danylsa Vargas
Estos dos últimos artículos de opinión a anunciar en este 2025 y el primero del 2026 he decidido dedicarlos a temas que llaman a la consejo, iniciando por uno que toca a todo el que trabaja periodismo y comunicación.
La República Dominicana no escapa a una verdad mundial, estamos viviendo en una nueva era donde los cambios a nivel de información han provocado cambios estructurales y significativos. Hemos pasado de competir por IDEAS, a competir por NARRATIVAS. La verdad pura y simple ha dejado de ser un valía tolerante, para transformarse en un punto que se maquilla, se manipula o se elimina, cuando incomoda, cuando enfrenta a quienes manejan los estamentos de poder, y ojo, no solo me refiero al poder político.
Lo más espinoso de todo esto es que nos estamos acostumbrando, ya el decorado se percibe como poco común, poco de lo que los facultados y preparados en materia de información e investigación, dígase los periodistas, debemos muchas veces defendernos y disputar contra esto.
Lamentablemente, los periodistas de formación y inclinación estamos viviendo una terrible amenaza, me refiero al INTRUSISMO. Muchas veces a un “INFLUENCER” suelen confundirlo como periodista, cuando su comisión simplemente es entregar un mensaje determinado a la comunidad que le sigue.
Y es que todo esto ha provocado que la información oficial o hasta la propaganda, ya no llegue en forma de discursos oficiales; ahora entra los más importantes anuncios llegan por redes: X, Instagram, TikTok o YouTube; dando pie muchas veces a la distorsión, los memes, entre otros, aprovechados para manipular o desinformar.
La prisa que provoca estos métodos a la hora de confirmar ciertamente lo fidedigno de la información ha llevado a medios reconocidos y con credibilidad a caer en el “ganzúa”.
Los resultados de acciones, ejecutorias ahora se miden en likes, tendencias y titulares, no en resultados reales. Los gobiernos se están centrando en alterar más en “control narrativo” que en resolución de fondo y existente de problemas estructurales. Y la competición juega el mismo ocio. Es una querella de percepciones, no de soluciones.
El resultado de todo esto es una ciudadanía saturada y desorientada, incapaz de sentarse analizar y distinguir información de propaganda, de lo existente o una creación de IA. Ya no importa si poco es cierto; importa si se vuelve vírico.
Es la era de la posverdad, funciona porque no pesquisa convencer, pesquisa confundir.
Los relatos siempre serán manejados, para esto existe la Comunicación Efectiva, el manejo de crisis. Pero todo lo que se maneja sobre la falsedad, lo irreal, nos pegará en la cara a la larga o a la corta, es como dice el refrán: “la mentira puede sostener un tiempo, pero no para siempre”.
Es un deber ciudadano descubrir, analizar, pensar lo que cada quien nos informa, nos comunica, porque de lo contrario, muere la democracia y por consiguiente, la licencia.





