A lo espléndido de la historia, el ser humano ha mostrado un patrón que parece casi fatal: repetir los mismos errores. A nivel individual, social o incluso entero, nos sorprendemos una y otra vez cayendo en situaciones que ya nos habían causado dolor.
¿Por qué sucede? ¿Por qué, aun teniendo memoria del sufrimiento, volvemos a caminos que prometen resultados distintos pero terminan en el mismo desenlace?
La primera respuesta está en la naturaleza humana. Somos seres emocionales antaño que racionales. Nuestras decisiones suelen estar influidas por impulsos, deseos, miedos y carencias que no siempre controlamos.
Aunque sepamos lo que nos conviene, actuamos desde la emoción, esa fuerza que a veces nubla la experiencia previa y nos empuja a repetir patrones conocidos, incluso si nos lastiman.
A esto se suma la tendencia a subestimar el pasado. Creemos que esta vez será diferente, que ahora sí tenemos más control, más prudencia o más suerte. Nos mueve la esperanza, pero no siempre el formación.
La repetición además ocurre porque cambiar de verdad implica esfuerzo. Modificar hábitos, romper relaciones tóxicas, tomar decisiones difíciles o desavenir verdades incómodas requiere una valentía que no todos están dispuestos a ejercitar. Es más casquivana retornar a lo conocido que aventurarse cerca de lo incierto. Pero hay un punto crucial, y es la desidia de consejo.
La vida moderna corre tan rápido que no deja espacio para detenerse a analizar las causas profundas de nuestros tropiezos. Sin ese deporte, el error deja de ser una disertación y se convierte en un ciclo. Sin requisa, repetir errores no es una condena.
Sirve para ser conscientes de que aún tenemos poco que curar, comprender o resolver. El seguro crecimiento comienza cuando miramos con honestidad aquello que nos ha dolido y decidimos romper, con intención y disciplina, la esclavitud que nos ata al pasado.
![]()
La entrada Tropezar con la misma piedra se publicó primero en eltiempo.







