
Hasta el Madrid – City, la semana había sido trágica para el rock. Primero, Jorge Iegales y solo un día posteriormente Robe Iniesta. Un hueco que nunca se podrá cubrir, como sí sucederá con Xabi Alonsoel tercer ‘rocker’ caído en combate en el peor de los escenarios, a pesar de que los suyos intentaron rescatarle.
Un Bernabéu que pasó del estado fluido, donde se sintió identificado con un equipo que presionaba y se puso por delante; al vaporoso, perdiendo la paciencia por la remontada de Guardiola y los ataques atarantados. Dos desconexiones le sirvieron al conjunto inglés para arrostrar al periferia a un preparador que será la víctima realizable. Tiene aún balas, pero el Madrid ha perdido hasta su capacidad milagrera.
Rodrygo sale de la cueva
Aunque Xabi Alonso era el que se jugaba la vida contra el City, este era un partido de los jugadores. Sobre ellos estaban las miradas de un Bernabéu que aplaudió a su preparador, colocado estratégicamente en la presentación de los protagonistas para tomar el cariño del conocido. Y tras un partido quejumbroso, con la inspección perdida frente al Celta, el Madrid recobró el oficio. La prueba de que los problemas de ademán estaban ahí, como evidenciaron públicamente Tchouaméni o Valverde.
Gonzalo como ejemplo de todo. Un canterano que se ganó un acuerdo en el Mundial de Clubes, donde el Madrid de Xabi Alonso empezaba a construirse a través de la presión. Los tiempos del sueño latinoamericano hasta que paradójicamente volvió Mbappé -suplente esta noche- y la propuesta se descompensó. Son las placas tectónicas de un equipo donde cada leve se convierte en un terremoto.
El 1-0 se pareció poco al rock and roll que había imaginado en su partitura un Xabi Alonso que terminó por taparse los oídos. Por minutos, Rodrygo evitó ser el atacante del Madrid con la peor ráfaga sin marcar. Lance de tiralíneas en la que Gonzalo deshizo la templanza de un City que transitaba con balón. Apareció Rodrygo por la derecha, el puesto al que renunció para ser el suplente de Vinicius, con una definición ofensivo.
El City penaliza la desconexión
El problema del Madrid esta temporada es que los elogios son melatonina. Se desconectó, en vez de usar la júbilo por retornar a competir frente a un rival que sus jugadores sí se toman en serio. No hay un club en el mundo que conozca mejor lo que es usar detalles para revivir un corazón muerto. Probó de su propia medicina con dos fallos que volvieron a extender el perfume de Guardiola por el Bernabéu.
Un puesto en el que le odian y eso es siempre una motivación en los partidos donde se necesita una motivación extra. Córner que remató Gvuardiol frente a Bellingham y provocó un mal despeje de Courtois. El rechace quedó vivo, poco que aprovechó un atento O’Reilly para empoderarla. Pues eso, el mundo al revés, con Rodrygo siendo el de aquella remontada surrealista contra el City y el belga fallando. Aunque posteriormente se repondría con una doble parada a Haaland y Cherki que habría matado el concurrencia.
Porque el noruego penalizó el nocivo marcaje de Rüdiger que le había funcionado en enfrentamientos anteriores. Un pelea continuo que terminó en penalti transformado por el punta del conjunto inglés tras la revisión del VAR. El mismo que no resolvió a honra del Madrid en el primer tanto de un equipo que tardó más de la cuenta en salir tras la reanudación, para una conjura en vestuarios que indignó al Bernabéu. Mientras Xabi Alonso pedía explicaciones a los colegiados.
Los cambios de un club muerto
Cuando uno ha vivido este tipo de partidos, por mucho que se repitan, sabe que en la mayoría de los metaversos, la que tuvo Bellingham en el 50 entra. Con la interpretación del inglés de hace dos temporadas no se le ocurriría especificar picándola por encima de un gigantesco como Donnaruma. Los cambios iban a determinar si Xabi Alonso apartaba el vaso de cicuta.
Con ardores, sacó a Gonzalo en un cambio realizable y a la vez difícil de entender. Si Guardiola le animó a expirar «meando con la suya», el mueca era contrario a este empoderamiento. Con Mbappé contusoel vasco le dio el mando del ataque a Bellingham. En el edicto contrario, Doku, con oficio de modisto, no dejaba de hacer trajes a Valverde. Hasta que el concurrencia se sumió en el caos.
En la película de protagonistas imprevistos, Endrick salió para requerir el espacio perdido. Aquello ya no parecía un partido de grado de grupos, sino una eliminatoria a ida y crimen. El Bernabéu no pasaba ni una. Le dio un severo correctivo a Asencio contra el que revolvió. El reflexiva de lo rotos que están los vínculos en este club. Turpin le perdonó la expulsión a Rüdiger cuando el partido se diluía. Hacía errata una heroicidad, porque el equipo había dejado de tener sentido. Pero el Madrid, esta vez, no engañó al fútbol.





