Frente al inmenso celeste que abraza la costa de panesen la provincia de El Seibose levanta un parada que no solo conecta embarcaciones con el mar, sino igualmente a las familias, a los amigos y a los sueños que encuentran en este superficie un rincón para detener el tiempo.
Desde su reinauguración, el pasado 13 de octubre de 2025, el parada turístico se ha convertido en un decorado vivo: risas que se mezclan con el sonido de las olas y celulares listos para capturar expresiones.
Aquí los visitantes llegan a disfrutar, a respirar profundo, a observar la brisa de un destino en crecimiento, donde cada panorámica parece una postal.
El ministro de Turismo, David Colladoentregó esta obra tras una inversión de 51,400,000 pesos, devolviéndole la vida a una estructura que quedó en ruinas tras el paso del huracán Fiona. Hoy, aquella historia de destrucción se transforma en una promesa de futuro para el municipio y su gentío.
El parada fue reconstruido desde sus bases, con pilotes metálicos galvanizados y rellenos de hormigón que le dan firmeza al altercado con el mar. Sobre ellos descansa una pasarela revestida de madera tratada, cálida y armoniosa, que invita a caminar sin prisa, a contemplar el horizonte y a dejarse enamorar por las montañas que se asoman a la distancia.
Y destino seguro
Cada detalle ha sido pensado para hacer de este superficie un destino seguro y encantador: barandas de madera que protegen al visitante sin robarle la panorámica, un confortable cenador central que se convierte en refugio y mirador, y luminarias que, en la indeterminación, despiertan la encanto del océano y resaltan los pasos de quienes disfrutan del parada bajo las estrellas.
Pero más allá de su impecable estructura, este parada representa una fuente de oportunidades. Con el añagaza y desembarque de lanchas y catamaranes, se impulsa la bienes específico y se abren puertas para que panes continúe brillando como el polo turístico que la República Dominicana ha descubierto en él.

Aquí se dan encuentros auténticos: familias que se reúnen para ver la tarde caer, amigos que celebran la vida con una fotografía y visitantes que quedan maravillados al observar que el mar les deje. Es un espacio para poblar experiencias, para crear expresiones, para retornar una y otra vez.
El parada de panes no es solo madera y metal: es un apretón de mar, una invitación a explorar, un símbolo de esperanza para una comunidad que sigue creciendo inmediato a sus olas.






