Un enfoque desde el entendimiento

WILLIAM J. ASTWOOD
williamastwood@gmail.com

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Cuando los psicólogos tratamos de entender algunos aspectos de la vida, quedamos tan sorprendidos por las respuestas que los humanos nos dan que a veces no sabemos explicar claramente mira que ha pasado.

En el caso particular, me sorprendo considerablemente de cómo las personas en innumerables ocasiones planifican metódicamente infringir contra la vida de aquella mujer a quien dicen requerir y con quien han procreado sus hijos, para a posteriori quitarse la suya.

Estas son situaciones en las que explicar la complicada mente del hombre resulta extremadamente difícil.

Explicar la telaraña que envuelve la razón en ese momento de oscuridad no resulta obvio. No es tan obvio encerrarse en una mente desorganizada y destruida (aunque consciente) por la angustia, la incertidumbre, el desasosiego y la intranquilidad.

La mente se convierte en un tornado en el que la angustia juega un papel preponderantedestrozando todo a su paso y guardando la resaca dolorosa que maltrata la íntegro y la voluntad del hombre hasta llevarlo al talud. Como consecuencia de ese enmarañoso torbellino que se produce en la mente de estas personas, podemos plantearnos algunas preguntas.

¿Existirá racionalmente algún motivo que sustente la realización de dicho acto? ¿Bloquea la persona la racionalidad mientras planifica el hecho? ¿No ve la persona más allá de lo que la irracionalidad le dice que vea? ¿En todo ese trayecto no habrá una luz de consciencia que le haga ver el error? ¿Será gratificante el ver a la persona que amas caer abatida? ¿El hecho de verla muerta refuerza el hecho de matarse? ¿Existió la posibilidad de suicidarse antiguamente de cometer el hecho? ¿Pensó sobre los hijos que dejaría en la desamparo? ¿Pudo evaluar la situación en todas sus magnitudes, reflexionar sobre ella antiguamente de que sucediera el hecho?

Son muchas las preguntas que me hago y que intentaré reponer con respecto a esta dolorosa situación del feminicidio que se está repitiendo con frecuencia en nuestro paíscomo una respuesta emocional popular en algunos humanos a la negativa de no continuar con una relación sentimental.

Aunque no parto, en mis consideraciones de una saco científicame fundamentaré en mi experiencia clínica profesional en tormo al manejo, comprensión y conocimiento de la mente del hombre, tratando de ajustarla con algunos planteamientos de otros autores. Así que, cualquier error puede acreditársele de guisa monopolio a mis criterios.

Ayer de reponer las preguntas que me he formulado quiero exponer una suposición en la que he fundamentado mis observaciones con respecto a este tipo de homicidas.

Aunque la personalidad de estos individuos no se corresponda perfectamente con un trastorno de personalidad dependiente por la pasividad y evidente error de brío que se dice tener en este tipo de trastorno de la personalidad según el vademécum de los criterios diagnósticos de la Asociación de Psicólogos Americanos(APA)considero que puede darse una adhesión coincidencia con este trastorno de personalidaden lo que respecta al cifra de dependencia emocional que exageradamente muestran los homicidas para las personas que han sido sus parejas.

La conducta criminal la podemos explicar fundamentándonos en el trastorno antisocial de la personalidad, en el que el que padece dicho trastorno muestra un detención extremo de violencia, caracterizado por maltrato físico y psicológico en dirección a la victima desde que se comienza a dar el distanciamiento, brío que creo, que puede venir como consecuencia de que no aceptan perder lo que mental e irracionalmente consideran propio.

Por lo tanto, concluyen: que es mejor con nadie que sin mí. O sea, que su dependencia afectiva los lleva a visualizar la relación como indivisible, como poco que debe perdurar por siempre, a pesar de los maltratos a que somete a su pareja.

Es sostener, sienten que la otra persona debe estar obligatoriamente atada a ellos y que deben estar siempre dispuestas a satisfacer sus deyección emocionales de dependencia. Si el hacerse el débil o el pendejo no resulta para tenerla atada, entonces se utiliza la fuerza y el chantaje.

El autor es Dr. en psicoterapia cognitiva y psicología social.

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