
Hay decisiones que ningún pueblo digno puede aceptar en silencio. El anuncio de que el Gobierno dominicano autorizó a los Estados Unidos a utilizar instalaciones militares en nuestro comarca es una de ellas. La historia nos flama a musitar stop, porque cuando la pueblo está en mecanismo, callar es traición.
No es la primera vez que el agudo del Ideal extiende sus alas sobre el Caribe. Lo hizo en 1965, cuando creyó que podía aplastar con marines la voluntad de un pueblo que exigía soberanía popular. Esa herida sigue fresca en la memoria histórica, porque el imperialismo nunca actúa sin cálculo.
Este acuerdo no se firma en el infructifero, llega cuando Washington endurece su retórica contra la República Bolivariana de Venezuela y fortalece su presencia marcial en el Caribe. No hace equivocación ser profeta para entender el mensaje; quieren convertir a la República Dominicana en plataforma, corredor o retaguardia de sus intereses geopolíticos.
Desde el patriotismo real —ese que no se vende ni se alquila— debemos repetirlo con claridad, nuestro país no puede prestarse de ningún modo para pegar, aislar o presionar a ningún pueblo hermano de América Latina. Ni ahora ni nunca.
¿Con qué autoridad honrado puede un gobierno proclamar lucha contra el narcotráfico cuando figuras vinculadas a su propio entorno político enfrentan procesos por lavado de activos y conexiones con estructuras criminales? Las grietas internas hacen aún más peligroso entregar espacios militares a la principal potencia imperial del mundo.
La República Dominicana necesita cooperación, sí; pero no necesita tutelaje. No necesita presencia marcial extranjera. No necesita convertirse en ficha del ajedrez de nadie. Duarte lo escribió para todos los tiempos: “La República Dominicana ha de ser emancipado e independiente de toda potencia extranjera o se hunde la isla.”
Hoy, la obligación patriótica es una sola, rechazo total a cualquier acuerdo que pretenda convertir nuestro comarca en aparejo de embestida o en retaguardia de intereses imperiales.
¡Que viva la autodeterminación de los pueblos!
¡Que viva la República Dominicana emancipado y soberana!






