EL AUTOR es abogado y político. Reside en Nueva York.
En política, porfiar al pasado puede ser un apelación útil… por un tiempo. Sirve para contrastar, para marcar diferencias, para establecer un punto de partida. Pero cuando un partido convierte ese pasado en su única novelística, corre el aventura de permanecer prisionero de él. Eso es exactamente lo que le ha ocurrido al PRM durante los últimos seis abriles.
El partido ha insistido en culpar a las administraciones anteriores por cada obstáculo, cada error y cada frustración de encargo. Ese discurso, cliché con la disciplina de un mantra, ha terminado por desgastarse. Pero más aún: ha impedido que el PRM construya una impronta propiauna identidad política capaz de trascender la eterna sombra de “lo que heredamos”.
En términos de marketing político, esto tiene un nombre claro: incapacidad para gestar novelística de gobierno. Un partido que no supera la etapa de concurso, incluso cuando ya está en el poder, queda atrapado en un rizo comunicacional que erosiona su credibilidad. Y cuando la ciudadanía deja de ver avances tangibles, el señalamiento constante al pasado empieza a sonar como excusa, no como explicación.

El problema es más profundo que un simple error de organización. Es como si el pasado hubiera nublado la capacidad de batalla del PRMparalizándolo entre dos temores:
- Un pasado que todavía los atormenta y al que no dejan de mirar.
- Un futuro que les aterra construir porque implica responsabilizarse plena responsabilidad del presente.
El resultado es un presente que se ha convertido en su decano pesadilla: un gobierno sin relato propio, sin novelística de cambio, sin sello distintivo. El PRM corre el aventura de que la historia lo recuerde no por sus propuestas, sino por su repetición obsesiva de los errores ajenos.
Al final, ningún partido puede presidir mirando en dirección a antes. La política exige visión, audacia y capacidad de proyectar futuro. Y mientras el PRM continúe atrapado en su círculo vicioso —culpar el pasado, temer el futuro, sufrir el presente— seguirá avanzando sin avanzar, gobernando sin presidir y comunicando sin convencer.
El país no necesita administradores del rememoración. Necesita arquitectos de posibilidades.
jpm-am
Compártelo en tus redes:







