@abrilpenaabreu
El 26 de junio de 2023, la Inspectoría Genérico de la Policía terminó una auditoría sobre el Hospital Genérico Docente de la institución. El resultado fue claro: desorden, incentivos sin soporte, compras sin planificación, activos perdidos, deudas acumuladas y pagos sin defensa. Todo perfectamente documentado, sellado y firmado.
Pero lo verdaderamente escandaloso no es lo que encontraron.
Lo escandaloso es lo que no ha pasado posteriormente.
Entre los nombres que aparecen como responsables está el Genérico Ing. Andrés Cruz Cruz, Subdirector Oficinista y Financiero del hospital. Responsable directo de parte del caos, según la auditoría.
Y aun así, ahí sigue. Limpio. Intocable.
Porque en este país la ley se aplica… menos cuando hay “amigos”, rangos o enllavadura.
Aquí hablamos todos los días de transparencia, de control, de probidad independiente. Y sí, las auditorías se hacen. Los informes se entregan. Se acumulan páginas, anexos, considerandos…
Pero cuando llega la hora de las consecuencias, todo se detiene.
Nadie es sancionado, nadie es investigado, nadie devuelve un peso.
Nadie rinde cuentas. La transparencia sin consecuencias es solo retórica. Y la probidad que investiga pero no actúa es una probidad de atrezo.
El país no necesita más auditorías que terminen en archivos muertos.
Necesita que, por una vez, los informes no se queden en papel.
Y que los responsables —se llamen como se llamen— sientan que en la filial pública todavía existe poco llamado responsabilidad.






