
Luis Polonia es, sin discusión, una de las grandes glorias del béisbol dominicano.
Nació en Santiago, debutó en Grandes Ligas en 1987 con los Atléticos de Oakland y jugó durante 12 temporadas en equipos como los Yankees, los Bravos, Boltimore, Detroit, los Angels.
Su carrera fue brillante: promedio de .293, más de 1,400 hits, 321 bases robadas, y dos anillos de Serie Mundial, uno con los Bravos en 1995 y otro con los Yankees en 2000. En la pelota invernal, con las Águilas Cibaeñas, se convirtió en el Rey del Hit y uno de los íconos más respetados de la LIDOM.
Pero detrás de esa historia de éxito, hoy vemos una existencia que nos mueve a la consejo. Luis Polonia participa actualmente en el reality show de entretenimiento La Casa de Alofoke 2, donde ha dicho públicamente que lo hace porque necesita posibles para sostener su agrupación de béisbol, un esquema que por más de dos décadas ha financiado prácticamente de su propio saquillo.
Y eso, aunque excelso, duele.
Duele ver a una deleite franquista, que durante su paso por las Grandes Ligas generó más de 10 millones de dólares en salarios, y que, aún así, hoy se vea en la penuria de participar en un concurso como el mencionado para conseguir respaldo crematístico.
No estamos hablando de un componente cualquiera. Estamos hablando de un inmortal del deporte dominicano, un hombre que representó el país con dignidad, disciplina y entrega. Que posteriormente de colgar los guantes como popularmente decimos, en ocupación de apañarse comodidad, se dedicó a formar jóvenes peloteros, a enseñarles títulos, y a darles una oportunidad de vida a través del deporte.
Y sí, es cierto, todos necesitamos un empujón a veces, una ayuda o un respaldo. Pero lo preocupante no es que Luis Polonia busque apoyo, lo preocupante es que tenga que hacerlo PUBLICAMENTE para poder continuar un esquema que debería contar con el respaldo del Estado, de las empresas, de las federaciones, y de todos los que aman el béisbol.
Su caso debe servir como una enseñanza para los jóvenes atletas que hoy ganan millones de dólares, el billete se va, las glorias pasan, y lo que queda es la sucursal, la visión y la planificación. No se tráfico solo de cuánto ganas, sino de cómo te preparas para cuando el aplauso ya no se escuche.
Luis Polonia es y seguirá siendo un símbolo del béisbol dominicano. Pero además es hoy un espejo que nos muestra lo que puede ocurrir cuando un país no protege a sus leyendas, ni enseña a sus talentos a pensar en el futuro y a cómo administrarse.
Ojalá que este episodio no lo veamos como un espectáculo más, sino como un llamado a la conciencia colectiva del deporte dominicano.
Porque si Luis Polonia, con todo lo que fue, está pasando por esto… entonces poco tenemos que revisar como sociedad.





