
El corte de ayer no fue un simple error técnico. Fue un shock certero, ECONÓMICO y POLÍTICO. Un mensaje al presidente Luis Abinader, directo y sin intermediarios. En este país, cuando se apaga la luz, se encienden las alarmas del poder.
Si el presidente fuera astuto —y lo es— debería entender que no fue casualidad. Que hay manos moviéndose tras bambalinas, intereses que no descansan y sectores que saben que nadie irrita más al pueblo dominicano que el calor, los mosquitos y la oscuridad.
Luis Abinader debería, desde hoy, destinar a ocho o diez senadores a tantear una reforma constitucional que lo habilite —a él y a Danilo Medina—, por lo menos hasta que se defina quién será el candidato presidencial del 2028. Porque el tablero político se movió, y con este corte, se marcó una radio divisoria entre quienes quieren estabilidad y quienes apuestan al caos.
Lo peor no es quedarse sin energía, lo peor es quedarse sin dirección. A Danilo Medina le apagaron el país en medio de la pandemia del COVID, cuando el PLD se desangraba en divisiones internas. A Luis Abinader le cortan la luz con la hacienda en tensión y el PRM mirando en dirección a interiormente.
Y aquí está la verdad que pocos dicen: cuando los que deben prender la luz son los mismos que la apagan, el país queda en manos de enjuiciador y parte.






