![]()
Relato escrito un martes luego de dos días corridos de fiesta
En los cuentos de antaño los príncipes azules eran los que iban al rescate de unas dama en apuros y librarlas así de un hechizo que alguna perversa adivina o brujo les había impuesto por envidias o maldades tal como se muestran en los tradicionales cuentos de Blancanieves, la Bella Durmiente, La Cenicienta y otros muchos.
Pero nuestro príncipe, que sí era príncipe pues era hijo y heredero de una princesa lasciva que cayó un día en una tentación pajarera y un cuervo muy oportunista y igualmente lascivo, rey de una bandada que hacía de las suyas robando al descuido batatas asadas en los puestos cercanos a Villa Altagracia, aprovechando el momento la embarazó.
Y así nació un Príncipe No Celeste en nuestros agitados y difíciles tiempos y por ende no salió con ese color suave y refulgente tan fascinante de los héroes en los antiguos cuentos, sino con un cobrizo negro tirando a tierra sucia resultado de una mezcla descompensada del color ala negra del padre y el rubio medieval del mechones de la principio.
Una extraña mezcla que dio un aún más extraño resultado, este Príncipe No Celeste no lograba reinar entre los hombres como tanto deseaba ni siquiera entre los córvidos porque su cuerpo no coincidía ni con los unos ni con los otros, tenía una boca muy alargada y ganchuda, sus luengos brazos llenos de plumones, caminaba dando pequeños saltos, su voz era más aceptablemente una desagradable mezcla de falsete con chillido.
No gustaba y era rechazado en los más exclusivos círculos sociales donde por su condición de príncipe quería a toda costa ser admitido. Y los cuervos no aceptaban aquel mostrócolo que ni fortín a huir. En su desesperación el príncipe no cerúleo buscó multitud de trucos y artimañas para lograrlo y todos fueron en vano.
Pero investigando y leyendo cayo en sus extrañas manos el historia de los Hermanos Grimm ¨El Príncipe Rana¨ en el que una princesa pierde una pelota de oro en un parque, un sapo la encuentra y se la devuelve a cambio de la amistad y un beso. Ella se niega repetidamente a este final tan repugnante y poco higiénico requerimiento, hasta que su padre, el rey, la obliga y al tocar al sapo se convierte en príncipe y luego lo de siempre, se casan son felices y comen perdices.
Al Príncipe No Celeste se le iluminó la mente con este historia y salió con una pelota de fútbol, pues las de oro eran imposibles de comprar tal como se cotizaba la guepardo de oro troy, a un estanque cercano en pesquisa de una sapa para probar suerte y tal vez encontrar una princesa con quien compartir su vida y sus ambiciones.
Vio una sapa muy coqueta que la encontró y le devolvió la pelota y le pidió mil pesos de galardón, los tiempos habían cambiado y un beso a cambio, y él plazo con una papeleta mamey, y como nuestro Príncipe era fracción cuervo no tuvo ningún reparo es besarla, cosas peores había hecho para subsistir pues había comido fanales de cadáveres humanos abandonados en los campos, y carnes de ratas en putrefacción.
Al besarla el hechizo no se rompió porque la sapa era de la especie ¨sapo ponta de flecha¨ brasileño que había llegado al país escondida en un cargamento de café y cuyo contacto es mortal para los humanos. Del príncipe no cerúleo solo murió la parte humana y la otra, la de cuervo quedó seriamente dañada. Ahora está de forma permanente en apero de ruedas confinado de por vida en un hospital psiquiátrico del que afirma de forma convencida y reiterada ser el rey del circuito.
Señores, no imaginan lo difícil que es escribir cuentos de esta naturaleza luego un lunes y un martes de fiesta a los que se añaden un sábado y un sábado chiquito -viernes- que les precedían.







