Pregunta:
Hola, doctora Ana. Tengo una hija de 12 primaveras. El capellán no la pira ni la escudriñamiento. Ella le pide peculio y él le dice que sí, pero luego deja de escribirle. Estoy muy preocupada. Ya me cansé de charlar con él y asimismo con sus padres, sin obtener resultados. Me duele demasiado; ella es su única hija. Dígame, ¿qué puedo hacer?
Respuesta:
Cuando nos vinculamos con una pareja, nunca pensamos que la relación en algún momento puede terminar. Creemos que el aprecio será suficiente para sostenerla, pero resulta que no es así.
- Se requiere de muchísimos aspectos que, aunque termine la relación, deberían seguir siendo parte de la dinámica, como el compromiso cerca de los hijos, el respeto por las diferencias y la éxito de las diversas formas de manejarnos frente a las nuevas crisis.
Esto no siempre ocurre así, y lo que estás viviendo es una muestra, pues tu expareja asimismo se divorció de su hija. Esto es difícil de entender y, por otra parte, nos recuerda que nunca terminamos de conocer al otro.
Sé que no tienes palabras para consolar a tu hija ni replicar a sus inquietudes, pero en este momento lo más sano es ser primero.
Por ejemplo, puedes decirle que no sabes por qué su papá no viene o no rebate sus llamadas. Esto no significa que debas mencionar los aspectos negativos de él; más adecuadamente, se comercio de ser honesta al examinar que no conoces los motivos por los que no aparece. Con el tiempo, tu hija entenderá, vivirá su duelo y tú estarás ahí para contenerla.
- No vuelvas a golpear ni a sus padres ni a él para reclamarle. Aquí todos son adultos y deben conocer cuáles son sus roles. Si él no quiere hacerlo, solo él se perderá de compartir con su hija.
Lo importante es que estés para tu hija y que ella sienta tu apreciotus reglas, límites y protección.







