
El huracán Melissa ha dejado un rastra de devastación en Haiti, Cuba, Jamaica, e islas circundantes, causando decenas de muertes, inundaciones generalizadas y daños importantes a la infraestructura. En Haití, al menos 25 personas murieron en la ciudad costera sureña de Petit-Goâve a posteriori de que el río La Digue se desbordara, inundando casas y derrumbando edificios. Los residentes tuvieron dificultades para resolver en medio de lluvias torrenciales y carreteras dañadas, y el apoyo de emergencia particular arreglado era circunscrito.
En Cuba, la tormenta provocó casas derrumbadas, bloqueos de caminos de montaña y arranques de techos, especialmente en el suroeste y noroeste. Más o menos 735.000 personas permanecieron en refugiosy algunas zonas recibieron más de 40 centímetros de borrasca. Las autoridades cubanas advirtieron sobre daños significativos a la ya tensa caudal, que enfrenta escasez de combustible y cortes de energía. El presidente Miguel Díaz-Canel instó a los residentes a no subestimar el poder del huracán y calificó a Melissa como “el huracán más cachas que en la vida haya azotado el país”.
Jamaica experimentó impactos catastróficos cuando Melissa tocó tierra como huracán de categoría 5, con vientos sostenidos de 185 mph (295 km/h). Más de 25.000 personas buscaron refugio en albergues y el 77% de la isla quedó sin electricidad. Los deslizamientos de tierra y las inundaciones bloquearon carreteras y dañaron viviendas, dejando a muchas personas temporalmente sin hogar.
El huracán ha dejado a la región lidiando con operaciones de rescate, esfuerzos de recuperación y amenazas constantes de fuertes lluvias y condiciones inestables.





