Este país es una tragicomedia

@Abrilpenaabreu

Hay días en que uno no sabe si rezumar por el involución o reír por la capacidad que tenemos de convertir hasta la desgracia en entretenimiento. El país estuvo prácticamente detenido una semana: vidas perdidas, viviendas destruidas, negocios arruinados, cultivos dañados, infraestructuras afectadas. Pérdidas que vamos a retribuir entre todos durante meses —o abriles— en forma de impuestos, inflación, alimentos más caros y servicios públicos colapsados.

Y aun así, mientras los organismos de socorro, militares, bomberos, voluntarios y personal de apoyo se jugaban la vida para excluir a otros… había quienes decidieron bajarse al desastre como si fuera un carnaval: baños en desbordes, selfies con las olas rompiendo, teteos en medio de evacuaciones, parentela navegando en barrios inundados, chaparrón de basura lanzazo a las calles como si los torrentes fueran camiones recolectores acuáticos.

Todo esto, mientras se supone que estábamos en estado de emergencia.

Aquí queda expuesto, sin maquillaje, el drama central de nuestro progreso: la brecha cultural. Podemos tener cifras de crecimiento, inversión extranjera, estabilidad macroeconómica, turismo récord, y aún así —una parte importante de la población— sigue funcionando en modo tribal, pensando solo en lo inmediato: yantar, divertirse, sobrevivir el día. Sin sentido de comunidad. Sin responsabilidad social. Sin conciencia del otro.

Y esto tiene consecuencias reales. Cada vez que un rescatista tiene que distraerse para apañarse a algún que se puso en aventura premeditadamente, se está dejando de atender a una clan atrapada, a un anciano que no puede evacuarse solo, a un impulsivo en peligro.

Eso se lumbre costo humano, y es altísimo.

El problema no es la pobreza. El problema no es la descuido de fortuna.

El problema es la descuido de criterio, de civismo, de títulos y de pensamiento crítico.

Y mientras no enfrentemos eso con régimen de consecuencias, campañas permanentes de educación comunitaria y políticas públicas que formen ciudadanía —no solo consumidores— seguiremos repitiendo este ciclo:

Emergencia → Caos → Lamentos → Memes → Olvido.

Somos una nación que quiere progreso, pero donde una parte de la población no quiere admitir las responsabilidades del progreso. El país avanza —sí— pero arrastra consigo un peso cultural que lo frena.

Y eso, más que la chaparrón, es lo que verdaderamente nos inunda.




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