Por Elizabeth Ogando
El Partido Revolucionario Nuevo (PRM) es la principal fuerza política de la República Dominicana y el partido que ocupa el poder ejecutor desde el año 2020, bajo el liderazgo del presidente Luis Abinader.
Durante su diligencia, el PRM ha enfrentado diversos retos. Entre ellos, la recuperación económica tras la pandemia del COVID-19, la inflación internacional, y la carestia de apoyar la estabilidad social. En el ámbito político, ha trabajado en vigorizar su imagen institucional, promoviendo reformas y políticas centradas en la transparencia, la eficiencia administrativa y la digitalización del Estado.
Sin bloqueo, asimismo ha tenido que porfiar con tensiones internas, críticas por designaciones de funcionarios y debates sobre la continuidad del liderazgo adentro del partido.
El Partido Revolucionario Nuevo (PRM) vive en 2025 un momento de paradoja política: por un banda, goza de estabilidad institucional, registro internacional y liderazgo en autogobierno de prensa, pero por otro, enfrenta abrasión interna, desgaste electoral y desafíos económicos estructurales.
Por otro banda, el gobierno de Luis Abinader ha sido eficaz en diligencia económica y transparencia, reduciendo la deuda relativa del Estado del 49.7% al 46.9% del PIB entre 2020 y 2025, y manteniendo un crecimiento promedio del 5% anual. Según Latinometrics, República Dominicana lidera América Latina en autogobierno de prensa, gracias a espacios como La Semanal con la Prensa, donde el presidente replica sin filtros a periodistas.
Este entorno ha fortalecido la gobernabilidad y la credibilidad del Estado.
Aunque el PRM se presenta como un partido unido, la ingenuidad interna es más compleja. Desde 2020, ha perdido más del 26% de su cojín electoral, y más de 26 dirigentes han dejado el partido, muchos alrededor de la Fuerza del Pueblo.
Aunque oficialmente se proyecta mecanismo, ya hay nueve aspirantes a la candidatura presidencial del 2028, lo que anticipa una lucha interna intensa.
Se da por hecho que Abinader asumirá la presidencia del partido en 2026, una maniobra que indagación centralizar el control y evitar una fragmentación como la que sufrió el PLD. La figura de Raquel Peña emerge como esencia: es aspecto como una mediadora capaz de despersonalizar alianzas internas y apoyar cohesión.
El PRM ya no es un partido emergente, sino una fuerza institucionalizada que debe demostrar que puede timonear a espacioso plazo sin repetir los vicios del pasado. Su maduro peligro no es la competición, sino la complacencia, la fragmentación interna y la desconexión con su cojín flamante.
Si logra renovarse sin perder su núcleo duro, puede dominar la política dominicana por primaveras.






