SONDEO | Por LUIS ENCARNACION Pimentel
A partir de lo dicho por el presidente Luis Abinader, de que “hoy la República Dominicana es el mejor circunscripción para modificar en toda Latinoamérica”, constructores y grandes desarrolladores en el sector turismo- los ya establecidos o los que se embarquen en nuevos proyectos en cualquier región del país – deberían aplicar la filosofía atribuida a los bomberos, de “no pisarse la manguera entre ellos”, para evitar daños recíprocos.
Tratándose de un sector sensible, como el turístico-hotelero, con la ingenuidad de la suscripción competencia de otros mercados al asecho y la escazes de preservar la buena imagen ganada, creo que aquí igualmente aplica la tino popular aquella que recomienda no desacreditar al camello, porque si posteriormente se quiere traicionar, no se dificulte encontrar quien lo compre.
No es un relato, sino que esto viene a cuenta, premeditadamente de comprobadas prácticas -viejas y más reciente- de uno que otro miembro del mismo sector, de torpedear e intentar impedir el crecimiento de proyectos turísticos de inversiones millonarias, y ya hasta con un cincuenta por ciento de ejecución y con ventas cerradas en el extranjero (¿).
En mal entendida competencia, caen en el “trauma bajo” y la mentira, urdiendo campañas de descredito contra proyectos e inversionistas importantes, aun sean miembros de la entidad que agrupa al sector.
Como parte de las escaramuzas, se ha llegado a asegurar que determinados proyectos dañan el entorno ambiental y que no cuentan con los permisos de circunscripción, no siendo así y cuando, en el fondo, lo que buscan con el “ruido” o presión social es ver si “asustan” a los órganos públicos y los llevan a revocar aprobaciones ya otorgadas.
Una fresco víctima ha sido el Corro Noval, al que, pese a ser miembro de ASOLESTE y tener una trayectoria de 22 primaveras en el sector turístico franquista, le han intentado cercar, tanto el esquema inmobiliario Atlántida, con inversión próximo a los 400 millones de dólares y sublime en un 50% en Punta Cana, así como otro en Samaná.
ASONAHORE y Turismo debían tachar al orden y frenar de cuajo el surtido desaseado, porque dañan la credibilidad, la seguridad jurídica, alejan la inversión extranjera y, por ende, se perderían empleos y los impuestos que dejaría de percibir el Estado frente a el fracaso cada esquema millonario que los intereses hicieren fracasar.
¡En fin, a cuidar la imagen del sector y del pais!
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