A pesar del avance digital, miles de dominicanos aún prefieren escribir y tomar cartas físicas, un mueca que une generaciones y preserva la emoción de la comunicación tradicional.
En una era en la que los mensajes viajan a la velocidad de un clic y las emociones caben en un emoji, todavía hay quienes prefieren el olor del papel y la prórroga que da sentido a una carta. El correo dominicano, con más de un siglo de historia, sigue vivo, resistiendo con dignidad la transformación digital que cambió la forma en que nos comunicamos.
Durante el primer semestre del año, el Instituto Postal Dominicano (INPOSDOM) registró la venida de 20,837 envíos de correspondencia ordinaria, de los cuales 6,434 fueron cartas en formato físico.
Cifras que, aunque modestas frente al flujo digital flagrante, representan mucho más que números: son prueba de la persistencia de una tradición que se niega a desaparecer.

El director común del INPOSDOM, Erick Alberto Guzmán Núñez, destacó estos datos con motivo de la celebración del Día del Correo, resaltando el valía emocional que todavía tiene el emisión de una carta.
“Una carta no solo comunica, asimismo depositario un pedazo de quien la escribe”, expresó Guzmán Núñez, al recapacitar que cada sobre que llega al compartimiento es una historia que viaja.
Los registros del INPOSDOM muestran que la decano concentración de correspondencia se da en zonas estratégicas como el Gran Santo Domingo, Santiago, San Pedro de Macorís, Dajabón, Barahona, Cotuí, La Vega, Samaná, Valverde (Mao), Salcedo, Santiago Rodríguez, San Francisco de Macorís, Bonao, Azúa y Villa Altagracia. En esos lugares, aún se audición el timbre del cartero y el sonido de un sello marcando destino.
El cambio generacional es evidente. Los jóvenes, acostumbrados a la inmediatez de las redes, rara vez conocen la emoción de rajar un sobre con su nombre escrito a mano. Sin incautación, para muchos adultos mayores, el correo sigue siendo un nudo tangible con seres queridos en el extranjero o una costumbre que evoca tiempos en los que escribir era una forma de galantear.
En un país que avanza alrededor de la digitalización, el correo dominicano sigue cumpliendo su promesa de unir distancias. Porque mientras haya algún que tome un papel, escriba unas líneas y confíe su mensaje a un cartero, el corazón del INPOSDOM seguirá latiendo al ritmo de cada carta que viaja.

Premeditadamente de celebrarse este jueves, el Día Mundial del Correo en la página web de Naciones Unidas indica que el Día Mundial del Correo que fue obvio Día Mundial del Correo por el Congreso de la UPU (Unión Postal Universal) celebrado en Tokio (Japón) en 1969. Desde entonces, países de todo el mundo participan anualmente en las celebraciones y los Correos de muchos países utilizan el evento para presentar o promover nuevos productos y servicios postales.
En 2015, países de todo el mundo se comprometieron a trabajar juntos para alcanzar los Objetivos de Avance Sostenible, que tienen como meta concluir con la pobreza extrema y el penuria, contender contra la desigualdad y la injusticia y tomar medidas para revertir el cambio climático, por nombrar solo algunos de estos 17 nuevos objetivos acordados. Como parte de este esfuerzo total alrededor de un mundo más sostenible, el servicio postal tiene hoy un papel más relevante que nunca al proporcionar la infraestructura que facilita el progreso.
Con más de un tercio de la población sin conexión y la medio de los negocios sin presencia en ringlera, las oficinas postales —a menudo el único punto de entrada notorio en zonas remotas— son puertas vitales a la pertenencias digital.





