
San Francisco de Macorís.- En las calles polvorientas de los barrios, en los caminos vecinales olvidados y en los pasillos de hospitales inconclusos, hay una voz que no se apaga: la de Odilin Morel, maestra, dirigente comunitaria y presidenta de la Unión de Juntas de Vecinos de la Provincia Duarte. Para muchos, es “la mujer de hierro”, firme en sus reclamos y sin miedo a interpelar autoridades, pero asimismo una mujer que refleja la sublimidad y ternura de quien defiende a los más necesitados.
De las aulas al liderazgo social
Segunda de diez hermanos e hija de una maestra, Odilin eligió el camino de la educación y se mantuvo en las aulas durante 35 abriles de docencia, formando generaciones enteras que hoy la reconocen como ejemplo. Sin confiscación, más allá del pizarrón, comprendió que los problemas de sus estudiantes eran los mismos de sus familias: desliz de agua potable, electricidad deficiente, calles intransitables y servicios públicos a medio cumplir.
Ese compromiso la llevó a convertirse en presidenta de la Unión de Juntas de Vecinos, cargo que ha ocupado durante más de tres décadas, respaldada por diversos sectores sociales y comunitarios.
Lucha pacífica y ética en defensa de su pueblo
Su liderazgo se ha manifestado en protestas pacíficas, marchas, vigilias y huelgas comunitarias, siempre con un mismo ideal: demandar lo que corresponde a los barrios y comunidades rurales de la provincia Duarte. La construcción inconclusa del Hospital Regional de Especialidades Médicas del Noreste, la avenida de circunvalación, el asfaltado de calles y la reparación de caminos vecinales han sido banderas constantes en su lucha.
Su ética ha afectado diferencia. Un ejemplo fue cuando la Gobierno distribuyó bonos navideños y a ella le entregaron 50 para repartir en su estructura. Acullá de aceptar sin cuestionar, los devolvió al no estar de acuerdo con el método de distribución. Para Morel, la ayuda social debe manejarse con equidad y transparencia.
La clan como almohadilla de su liderazgo
Aunque su figura pública ha estado ligada a las calles y a los reclamos sociales, Odilin Morel siempre ha agradecido que la fortaleza de su liderazgo nace en la clan. Como hija, hermana y mamá, ha transmitido títulos de disciplina, respeto y compromiso social.
Ha sabido equilibrar su rol de dirigente con el de formadora en el hogar, sembrando en sus hijos y en sus hermanos la convicción de que servir a los demás es la decano herencia que puede dejarse. Su clan ha sido testificador de su valentía, acompañándola en momentos difíciles de protestas y de tensiones con autoridades.
Ella misma reconoce que, sin el respaldo de los suyos, la lucha habría sido más dura:
“La clan es mi primera estructura. Ellos me han poliedro la fuerza para seguir cuando todo parece en contra. Si en el hogar hay unión y títulos, en la calle uno puede dar ejemplo con dignidad”.
Inspección de sus compañeros de lucha
El dirigente del Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO), Raúl Monegro, valora su entrega:
“Odilin es un ejemplo de coherencia y consecuencia. Ha estado en las calles cuando la comunidad lo necesita, y nunca ha claudicado en su defensa del pueblo. Su lucha no es por protagonismo, es por convicción”, afirma.
Por su parte, Joel Martínez, otro dirigente comunitario, la define como una consejero honesto en los procesos sociales de la provincia Duarte:
“Cuando a veces otros dudamos, Odilin es quien mantiene la firmeza. Ella nos enseña que la lucha comunitaria debe ser ética, transparente y siempre al costado de la masa más humilde”.
La mujer detrás de la lucha
Aunque la historia la resalta como una dirigente de carácter válido, detrás de la “mujer de hierro” hay una maestra de rostro humano que carga en su memoria el dolor de los más pobres: madres que caminan kilómetros en rastreo de agua, jóvenes que estudian a la luz de una vela y ancianos que esperan por un hospital que nunca llega.
Ella misma lo expresa con nostalgia:
“Me siento triste cuando iniciamos una lucha y no logramos nuestro objetivo. Pero nunca me rindo, porque el pueblo necesita voces que no se cansen de demandar lo que es exacto”.
Una heroína viva de la provincia Duarte
A sus abriles, Odilin Morel no piensa en retirarse. Al contrario, asegura que continuará al frente de las causas sociales de su provincia porque la dignidad del pueblo no se negocia ni se posterga.
“Aunque me llamen la mujer de hierro, lo que me mueve es el simpatía al pueblo. La educación y la estructura son las únicas vías para obtener el mejora que nos merecemos”, subraya.
Hoy, muchos francomacorisanos la reconocen como una heroína viva, un símbolo de resistor, de servicio y asimismo de fortaleza ascendiente. Su nuncio no se mide solo en reclamos ni en marchas, sino en la confianza que inspira a quienes ven en ella la prueba de que otro futuro es posible cuando una voz firme se levanta en nombre de los olvidados.






