El autor es abogado.
En las elecciones pasadas, el ausentismo electoral se trepó al 46%. Cuarenta y seis ciudadanos de cada cien que estaban hábiles para sufragar, prefirieron no hacerlo, porque la memorándum de los partidos y los candidatos tradicionales, no coincide en lo definitivo con las expectativas de los abstencionistas.
El 46% de los votantes, simplemente no ve ninguna diferencia entre un plan y los otros; entre un candidato y los demás.
Acusan a los partidos y candidatos, de carecer del valía suficiente para hacer lo que se tiene que hacer en la República Dominicana, sin importar el costo político. De ahí que surge la pregunta obligatoria: ¿Cuál precandidato(a) del PRM, LFP o del PLD, para las elecciones del 2028, verdaderamente tiene el valía de hacer las reformas radicales que necesita la República Dominicana? Nadie!
Todos vienen con la misma memorándum, a enterarse:
- Más clientelismo (Siendo la retribución pública su principal activo).
- Más empleos innecesarios e improductivos (Botellas).
- Más festivales de pensiones especiales para beneficiar a compañeros del partido y/o militantes de partidos aliados.
- Avanzar con los déficits fiscales (gastando el gobierno más capital públicos que los en ingenuidad le ingresa).
- Y continuar con el perenne endeudamiento notorio (responsable del financiamiento del despilfarro y dispendio de los capital públicos).
Mientras Milei y Bukele les ha importado absolutamente nadie el costo político de lo que están haciendo en Argentina y El Salvador respectivamente; mandado pal carajo su popularidad y su simpatía; e impulsando las reformas radicales que necesitan ambas naciones, aquí, a nadie de los clientelistas, se le lee o audición aseverar que van a hacer lo mismo que están haciendo esos dos presidentes latinoamericanos.
Saben que cuentan con más de 3.4 millones de votantes descerebrados, que a través del suscripción y otras dádivas estarán dispuestos a retornar a sufragar, con lo que finalmente logran legalizar cada referéndum.
Dos agendas diametralmente opuestas. Una exigiendo reformas radicales. Y otra haciendo lo que políticamente más les conviene hacer.
Jpm-am
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