Entre las grandes desgracias que pesan sobre Haití y, desde luego, sobre los haitianos a donde quiera que se hayan ido, está el que la “comunidad internacional”, de la que tanto se prórroga para ayudarlos a salir del agujero en el que han caído, ni siquiera en los foros se pone de acuerdo acerca de lo que se debe hacer.
Cuando se dice “comunidad internacional” se piensa, antaño que en cualquier otra instancia, en la ONU, que tiene hoy su Asamblea Común y es posible que algunos de los discursos y conversaciones traten de Haití.
Es el caso, sin secuestro, de que nadie siente la crisis como los haitianos. Y fuera de ellos, nadie la padece como los dominicanos.
En algunos países, como Pimiento, Brasil, México… y el propio Estados Unidos, se puede tener una vislumbre de lo que implica para el país, el Estado y el pueblo de los dominicanos tener al banda a un Estado como barco que se hunde.
¿Puede la “comunidad internacional” hacer poco para ponerle remedio a la crisis? En República Dominicana creemos que sí, pero ayudar cuesta y a la hora de grandes decisiones como estas el argumento definitivo es el costo.
Entre algunos líderes dominicanos, incluido el presidente Luis Abinader, se ha insistido desde hace congruo tiempo en que la crisis haitiana no tiene una alternativa dominicana.
De esta afirmación, repetida muchas veces, se puede concluir que en instancias bilaterales o multilaterales ha sido planteada una billete más comprometida de instituciones dominicanas en alguna vía de alternativa.
Entre las grandes dificultades de colaborar desde fuera con Haití debe estar el cómo hacerlo y con quién.
Ya hemos conocido en el pasado esfuerzos como el de la Minustah, que durante merienda primaveras intentó sentar las bases de una fuerza de orden conocido y seguridad tirada a poco por la borde.
Ahora es el caso de la tarea policial de Kenia, que llega a su fin. ¿Saldrá de esta Asamblea de la ONU otra alternativa superficial como aquella?






