Por: Juan Manuel Morel Pérez
La civilización de derechos humanos no es un suplemento atractivo del Estado actual, sino su fundamento de la dignidad. En contextos donde la institucionalidad puede fragmentarse se hace más que necesario direccional el enfoque estatal en dirección a los pilares esenciales de las garantías de todos: los derechos humanos. Estos deben dejar de ser tratados como “temas” y suceder a ser el eje transversal de toda política pública. Enhorabuena que se instrumentaliza como respaldo institucional el Servicio de Jurisprudencia y Derechos Humanos, que asume la responsabilidad de coordinar las políticas sobre el tema adentro del ámbito gubernativo. Como sociedad, estamos en presencia de un momento único: una transición estratégica, urgente y necesaria, de la retórica de derechos a su implementación institucional.
En muchos estados, los derechos humanos se mencionan en discursos, pero muchas veces no se formalizan como doctrina . Se los invoca como reacción, no como componente esencial.
Una civilización de derechos humanos no es una colección de normas ni una serie de gestos institucionales o proclamas oficiales e internacionales Es una forma de residir la dignidad como maña cotidiana, Es el modo en que una sociedad decide no tolerar la reserva, no arreglar la injusticia, no discriminar los derechos en amparo de unos y en invisibilizacion .
Aunque contamos con un entraña constitucional como el Defensor del Pueblo y tenemos garantías normativas en el catálogo de derechos de nuestra carta política, aún desliz un ámbito gubernativo que impulse, promueva, eduque y proteja esta civilización como política pública. La Logística Franquista de Mejora establece el eje de promoción y tutela de derechos, pero requiere ser corregida y ritualizada desde una perspectiva territorial, pedagógica y doctrinal.
Por eso, institucionalizar los derechos humanos y por ende la dignidad, emancipación e igualdad, se exige un plan minúsculo de obra: Que cada institución involucre la educación en derechos humanos en sus planes, e estos permitan evaluar y corregir prácticas excluyentes, territorializar la promoción de derechos, la formación especializada y constante en esta temática a funcionarios, docentes, militantes sociales, dirigentes comunitarios y operadores jurídicos en la civilización de derechos humanos como pedagogía y promoción no solo como defensa y exigibilidad
Transitar en dirección a una civilización de derechos humanos como política pública significa expandir la dignidad humana como casa institucional, ya que no tan solo es una meta, sino todavía el trayecto






