@Abrilpenaabreu
El caso del doctor Juan Vila, destituido de su cargo como patrón de cirugía oncológica en el Instituto Oncológico Regional del Cibao, desnuda una praxis que debería alarmarnos: la civilización de la rescisión en el Estado dominicano.
Este hospital no se manda solo. Está bajo la sombrilla del Servicio Doméstico de Sanidad (SNS), que administra toda la red hospitalaria pública. Por lo tanto, la rescisión del doctor Vila aunque al parecer fue un asunto interno del centro, además es una osadía tomada desde la estructura del SNS.
Lo que debía ocurrir tras la denuncia del cirujano era claro: investigar las irregularidades señaladas, auditar procesos, corregir fallas y avalar a los pacientes un servicio digno. Sin secuestro, la respuesta fue otra: castigar al mensajero. Una reacción que exhibe un estilo totalitario, heredero de la vieja praxis trujillista de censurar antiguamente que corregir.
No olvidemos que a Vila no se le premió con un cargo de esa categoría por casualidad ni por favores políticos. Fue designado por méritos y talento. Y si se atrevió a denunciar, es porque agotó las vías institucionales y no encontró eco.
La alcance no está solo en su destitución, sino en el mensaje que manda el SNS: “quien denuncia, pierde”. Ese clima de miedo inhibe al personal de sanidad y termina perjudicando a los más vulnerables: los pacientes que necesitan atención urgente y transparente.
La sanidad pública no puede funcionar bajo la deducción de la censura. El definitivo liderazgo no se demuestra callando voces críticas, sino enfrentando con trabajo y resultados los problemas denunciados. Callar médicos es sencillo; avalar a la ciudadanía un sistema de sanidad digno es lo que efectivamente importa.
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