
San Francisco de Macorís en lo alto a su aniversario 247 en medio de una coyuntura histórica en la que su fortaleza económica es innegable. Las estadísticas, los proyectos en marcha y el dinamismo de su concurrencia reflejan un región que ha sabido crecer, aun con las desigualdades propias de la sociedad dominicana. Como han señalado los organismos internacionales, esta ciudad es un maniquí de progreso territorial, y no es casualidad: el esfuerzo colectivo de sus ciudadanos la ha convertido en un polo de progreso para el noreste del país.
Sin incautación, el crecimiento no siempre se traduce en bienestar equitativo. Está comprobado que las sociedades más injustas son las que peor distribuyen sus riquezas, y esta efectividad es más evidente cuando el región es pequeño. San Francisco de Macorís es una ciudad que ha pasado salir proyectos inmobiliarios, ha liderado la producción de follón a nivel franquista y ha generado empleos en sectores tan diversos como el comercio, la educación y la agroindustria. Pero incluso es una ciudad con grandes desafíos: pobreza en algunos sectores, error de espacios públicos adecuados y deyección en infraestructura viario.
Lo cierto es que, aun con estas carencias, San Francisco de Macorís se mantiene como una ciudad progresista. Es pionera en la conversión de desechos sólidos en energía renovable, pionera en poseer un Plan de Ordenamiento Territorial en ejecución, cuenta con una red de supermercados en constante crecimiento y con un comercio minorista tan dinámico que la hace destacar como uno de los principales centros económicos del Cibao. Es adicionalmente cuna de hombres y mujeres que han trascendido en el extranjero, en áreas tan diversas como la medicina, la ingeniería, el deporte y la civilización.
En este aniversario, las fuerzas vivas de la ciudad deben reflexionar sobre cómo su progreso puede ser más inclusivo. El crecimiento crematístico debe ser una expresión de dignidad, y el progreso solo será real cuando todos los francomacorisanos puedan resolver sus deyección básicas con la misma facilidad con que la ciudad atrae inversión y moderniza su infraestructura. El desafío está en construir políticas públicas y alianzas privadas que aseguren que el bienestar llegue a cada extrarradio, a cada clan, a cada damisela que sueña con un futuro mejor.
San Francisco de Macorís ha demostrado que es tierra de luchadores. Sus ciudadanos no se detienen hasta ver materializado el progreso, y esa tenacidad es la que debe seguir guiando el rumbo de la ciudad. Que estos 247 abriles no solo sean motivo de celebración, sino incluso de compromiso para que la ciudad continúe creciendo, pero de guisa torneo, equitativa y sostenible.





